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lunes, 1 de abril de 2013

RECUERDO DOLOROSO DE LA LOCURA.


Recuerdo que una mañana del año 1982, llegué al colegio, como todos los días. Estaba charlando con mi amiga Mariana, con quien siempre estábamos al tanto de las cuestiones políticas del país, porque nos ocupaba y nos preocupaba. Pudimos ver, como bichos raros, como la locura se instalaba en el colegio. Habló la directora, y con gran entusiasmo proclamó: -"Las Malvinas son argentinas". Se cantó el Himno, se aplaudió, y se vivó… Recuerdo aún hoy la sorpresa en la cara de Mariana y en la mía. No era pa celebrar, estábamos en guerra con una de las potencias del mundo. Llegué a casa al mediodía, y en la tele se veía una Plaza poblada de gente victoreando a un dictador empedado, que arengaba a las multitudes, el mismo, que formaba parte de un gobierno acusado de desaparición de personas, de la estafa a nuestras libertades, y de infinidad de situaciones, en ese momento poco claras, pero claramente nefastas. ¿Qué sucedía con ese pueblo que vitoreaba a ese asesino, loco, delirante que nos decía, tamaña locura?
Recuerdo las discusiones en las casas, los informes de las cadenas nacionales, los amigos que estaban haciendo la colimba y tenían miedo de ser llamados para ir a defender nuestras islas. El miedo al ver las imágenes de espanto, y los programas que hablaban pelotudeces las veinticuatro horas, haciéndose eco de tamaña locura, recuerdo mi  miedo. Y la angustia por aquellos chicos, únicas víctimas de uno de nuestros grandes sinsentidos como Nación.  No había que ser muy lúcido para saber que esa guerra, estaba perdida de antemano. Todo lo que la rodeaba, era descabelladamente loco. La situación política internacional. El gobierno militar,  y toda su locura, la escasez de recursos. La diferencia de tecnología militar y de equipamiento.
Me asusta la locura ajena. Pero más cuando esta es tan generalizada. Era muy joven, inexperta, pero tenía una cabeza y la utilizaba, era sumamente crítica y me he ganado más de una discusión familiar, en el colegio con los profesores. Y en mi círculo de amigos.
Fueron días de espanto, que cada uno recordará con distintas anécdotas. Cada uno tiene alguien que fue a Malvinas, o estuvo casi por ir. Todos tenemos alguna historia. Más o menos dolorosa. Pero a todos nos ha unido el arrebato, el dolor frente a la injusticia, la desazón al ver las imágenes auténticas, no las planfletarias de esa época. Todos debemos recordar, hasta donde puede llegar un gobierno, en pos de la locura de intereses espurios. No importaron los costos. Y fueron altos. No importó el dolor y fue mucho.
Aún escucho a alguien muy cercano, hablar de lo que vivió estando aquí, y no luchando. Y cada vez que me cuenta lo que vio en el hospital militar donde llegaban los chicos de Malvinas, me sigue abrumando el espanto. Él llora, y yo también, y han pasado muchos años. Y no llegó a pelear, sólo vio los resultados de la locura. Y fue muy doloroso. Veo las imágenes y me lleno de bronca, como en aquellos días. Veo en que se han convertido las vidas de los soldados, de los que pudieron sobrevivir, de los que la pudieron contar, de los que no se suicidaron después de terminada la guerra, y sigo estremeciéndome como entonces.  
Pensemos, en días como hoy, que hubo un loco que nos llevó a una guerra, pensemos que casi compramos el cuento que nos vendían. Pensemos en nuestros héroes, porque eso son, y no otra cosa. Fueron a dar el pellejo, en las peores condiciones, sin armas, sin plan, sin cabeza, sin comida, sin balas, en un clima absolutamente desconocido, frente a una potencia. A puro huevo, a puro intento, a pura garra. Y de puro víctimas de un sistema perverso. Pensemos que el dolor y las ausencias, aún tienen vigencia. Heridas que no cierran. Pasado de espanto. Que no debemos repetir. Que nuestros hijos deben conocer, para crear un país como corresponde, con historia, con dolores de los que tenemos la obligación de aprender. La violencia en ninguna de sus formas conduce a nada. No siembra nunca futuro. Sólo deja heridos. Y también, como hace unos días, para ellos pido, MEMORIA.

CAROLINA FRANCO.- BS. AS. 1º DE ABRIL 2013.-
(Han pasado 31 años, y el dolor continúa)





sábado, 16 de marzo de 2013

Nuevo Papa, más convulsión.


No soy católica, no soy K. Soy atea, anarquista y librepensadora. Me interesan los fenómenos históricos y sociales. El caos del falso orden. Y los entiendo como parte de un proceso de aprendizaje y de cambio. Que se podrán analizar con el paso del tiempo, y no con la calentura y corta visión del ahora.
Aclarado todo esto, entiendo que estamos viviendo procesos convulsivos que nos llevarán hacia algún lugar.
Días convulsivos, de enfrentamientos ideológicos, que siempre son enriquecedores, pero tan agresivos e intolerantes como estamos se tornan indigeribles. Basta con leer los diarios, mirar la tv, o sentarse a pasear por los muros del fcbk de nuestros amigos o contactos, para que nos manchemos con cataratas de intolerancias. Cegueras sin sentido. Y poco respeto hacia lo diferente o lo distinto. Insisto siempre con la misma idea, lo distinto nos enriquece, nos aporta, nos hace pensar. No hay que temerle, odiarlo, o destruirlo. Es solo sumar no restar. Nadie dice que vamos a pensar lo mismo, sería aburrido, peor es sólo “poder escuchar al otro”. Después cada uno sacará sus conclusiones. Y ya…
No soy una gran conocedora de las actividades del Vaticano. Y en su mayoría, estoy en desacuerdo. Creo que la iglesia como institución, más allá de su dogma y su fe, ha quedado estancada en el tiempo, retrasa, para la sociedad. Pero respeto a todos los que creen en ella.
Frente a la designación del nuevo papa, me he visto avallada por cataratas de información a favor y en contra. Me parece, como siempre, que es un acontecimiento histórico, y como tal no estamos nosotros en condiciones de evaluarlo aún. Aparecen un sinfín de acusaciones, fotos, y comentarios, de absoluta falta de respeto, no sólo para Francisco, a quien no conozco. Sino, a quienes creen en él, y a quienes respeto en su fe. No voy a sumarme a ningún barco. No me corresponde, no estoy de acuerdo y menos si esto sucede a través de cataratas de agresión sin sentido. Cosa que detesto. Y de lo que me parece más peligroso… De falta de información. En el medio, como siempre está la gente.
Me parece que hay que esperar, antes de atacar o idolatrar. Pero estamos tan convulsivos que no podemos hacerlo. A los pocos segundos de su designación, los muros se llenaron de fofos siniestras. Que estuvo con los dictadores, le fabricaron un papamóvil con un falcón verde que lejos de mover a risa da dolor histórico. Valorizaciones, que, pese a reconocerme neófita en el tema de la iglesia, me parecen agresivas, pero sobre todo, fuera de contexto de investigación histórica. Y por demás agraviantes, no para la figura papal, sino para la gente que cree en ella. Que pueden ser amigos, familiares, conocidos. Perdemos el horizonte con este tipo de cegueras. Y no estoy defendiendo a la iglesia, de ninguna manera. Estoy defendiendo las libertades individuales y abogando por el respeto a la diversidad.
No estoy de acuerdo con muchas de las cosas que suceden en el Vaticano, empezando por su estructura grandilocuentemente ostentosa. Si se debe predicar con el ejemplo, la iglesia debería ir por la austeridad, la simpleza y la imagen en estos casos importa.
Tampoco estoy de acuerdo con muchos de los pensamientos de la iglesia católica, creo que retrasa, frente a una sociedad que va en continuo crecimiento científico, tecnológico, a la cual día a día se le plantean nuevos desafíos. Pensemos en el SIDA, a la gente le va la vida en ello. Y la iglesia no permite el uso de preservativos. Elemento que salva vidas. Ni hablar de las acusaciones de pedofilia que pesan sobre muchos de sus máximos representantes, y se los oculta y cubre. Recuerdo frases poco felices sobre el matrimonio igualitario, el derecho a una muerte digna, el aborto, donde también va la vida de mucha gente.
He tenido grandes conversaciones con creyentes y defensores del dogma y no han sabido o no he podido comprender la postura de la iglesia con respecto a estos temas y otros tantos que se me están olvidando en estos momentos. Pero los respeto.
Me parece que tendríamos que poder empezar a pensar en positivo, alguna vez y no en destructivo de todo lo diverso, distinto, que nos genera tanto miedo que sentimos de inmediato la necesidad de combatirlo.
El nombramiento de un nuevo papa y pa colmo argento nos ha despertado más odios de los que ya teníamos hasta hace unos días. El tipo aún no empezó a hablar ni, mucho menos a actuar, y ya salimos a escarchar. Repito pa mí la iglesia retrasa, y no soy devota de ella. Pero siento que antes de criticar sobre lo que se dice, deberíamos tomarnos el tiempo apar ver y escuchar de que va a ir este nuevo papado.
Sin ánimo de defender a nadie, creo en los gestos, más que en las palabras. Y, me da la sensación, puedo equivocarme, habrá que verlo con el tiempo; que Francisco viene con una impronta de austeridad. Y no me parece un dato menor, de alguien que se supone es el representante de dios en la tierra.
También he visto un gesto amable, y sonriente. Que en los tiempos que corren, no es un dato menor, frente a tanto caracúlico suelto. Ha elegido símbolos austeros para el mismo. Y saludó a sus fieles en italiano, y no en latín, cosa que he leído como un signo de acercamiento a la gente y de modernidad. Puedo equivocarme, lo veré con el tiempo.
He leído lo que he podido sobre su pasado y su posible vinculación con la dictadura de nuestro país. Sinceramente, entre lo que opine Verbistzky, que debería estar preso por los delitos cometidos como integrante de la FAP y montoneros, antes que ser reconocido como un buen escritor, cosa que tampoco lo es, y menos aún como representante de los derechos humanos de nuestro país. (Sé que con esto me gano enemigos, pero para mí un violento no representará nunca los derechos humanos, y un oportunista, menos) Y lo que opine Pérez Esquivel o gente que ha estado vinculada con el trabajo de investigación del Nunca Más, me quedo con esta gente. De todas maneras, creo que la iglesia toda, en esos dolorosos tiempos de la dictadura, a excepción de los curas tercermundistas, que les fue la vida en esos tiempos; no hizo nada, como muchos sectores de nuestra sociedad, entonces no me parece tampoco oportuno el desgarre de las vestiduras de muchos a día de hoy. Más bien, me parece oportunismo.
Con respecto a frases poco felices de Francisco, sobre el matrimonio igualitario, son las que vengo escuchando de cada uno de los representantes de ese sector y las que no voy a compartir nunca.  Es decir, no creo que cambien grandes cosas que tengan que ver con el dogma de fe de la iglesia católica. Pero tampoco me parece un dato menor, que a pocos días de su nombramiento le diga al cardenal de Boston, que está pegado a las cuestiones más oscurantistas de la pedofilia en EEUU, responsable del encubrimiento de 250 curas pederastas, que no trate de no frecuentar el Vaticano, es un gesto. Y creo en los gestos más que en las palabras.
En lo personal, he decidido, detenerme a mirar los acontecimientos antes que salir rápidamente a enjuiciar. Tal vez, peque como me dice siempre mi primo, de optimista pelotuda. Pero creo que primero hay que observar y después hablar. Y en este sentido priorizo dos cosas, el paso del tiempo en un acontecimiento histórico de tamaña magnitud, y el respeto al otro, al distinto. Sobre todo en cuestiones de fe.
Hechos no palabras, tiempo, respeto, y diversidad. No me parecen poca cosa. Me parece que las andamos necesitando como sociedad. He dicho.

CAROLINA FRANCO- Bs. As. 15 MARZO – 2013.

domingo, 23 de diciembre de 2012

Querido Papá Noel



   Quisiera pedirte algunas cosas, se que a veces se te complica un poco la entrega de tantos pedidos. Pero los míos no te van a generar un gasto, quizá sí un dolor de cabeza. Pero espero que me entiendas.

   Hoy, en noche buena, me recurren las imágenes de siempre, las de los festejos de niña, ansiando las doce, para tratar de ver aunque sea el trineo, alejándose. La ansiedad de abrir los regalos, y en más de una ocasión, la insatisfacción de no tener lo que justo-justo, había pedido. Recuerdo los juegos con mis primos. Los artificios no, porque me daban miedo. El ruido nunca me ha gustado.
La gran mesa familiar, los vestidos con moños para la ocasión. Mi abuela en su mecedora. Mis tías y padres cocinando riquísimas cosas. Todos felices, y a tu espera.

   Han pasado los años, la mesa no es tan grande, la familia cuenta con importantes ausencias, pero el amor y la ilusión de mis hijos a tu espera, me puede permitir disfrutar de esta noche de otra manera.
Pero, hoy quiero tomarme el atrevimiento de pedirte “yo” algunas cosas.  Y con que me cumplas algún pequeño deseo me conformo.

   Quisiera recordarte que hay niños que no tienen una mesa como la mía, porque ni siquiera tienen casa, y menos aún juguetes.

   Quisiera pedirte, si fuese posible, que le anules las firmas a aquellos que no paran de declarar guerras, sometimientos, y, grandes toneladas de dolor, a niños y grandes en diferentes partes del mundo. Entiendo que no es sencillo. Pero con que logres entrar en una de esas cabezas me conformaría.
Ojalá, puedas alegrarle el día a una de las tantas mujeres maltratadas, a los chicos que sufren la violencia de manos de sus padres, y a aquellos abuelos que están solos, inentendidos, y abandonados.

   Llevale algo a todos los nenes, mujeres y hombres que están esta noche en la calle, algo, por más chiquito que sea. Siempre les va a venir bien.
Y a ver si sólo por hoy tenés en cuenta a la gente que pa´festejar, termina quemada por la pirotecnia.

   A nuestro país le podrías traer una bolsa llena de comprensión, un librito que enseñe a no utilizar la violencia en cualquiera de sus formas. Y justicia, que casi no tenemos.

   Para los gobiernos, un paquetito de humanidad, un par de lentes, y un arca gigante pa que dejen lo que se roban, entonces, se lo podríamos mandar a los chicos que mueren de hambre. Lo mismo podrías hacer con el Vaticano. Alimentaríamos a muchos más.

Para mí, no te pido nada, solo la tranquilidad de saber que no estoy equivocada, que vale la pena creer en las utopías, en la no agresión, y en el respeto por la diversidad. Y dejes mi locura intacta por que sin ella no sería yo, y es la que me permite, darle una vuelta de rosca, de manera creativa, a la mediocridad que tanto me afecta. Que me mantengas los cariños que he sabido conquistar, y que la violencia, quede del lado de afuera, en la puerta de mi casa, lo más lejos posible, como hasta ahora.  

   Y por último que mis hijos sean felices.

   De paso, y para no abusar, mandale un gran beso a mis viejos.
Gracias!!!
CAROLINA- BS. AS., 24 DICIEMBRE 2010

miércoles, 12 de diciembre de 2012

Acusaron a Marita Verón.


   A Marita se la llevaron, de prepo, a las trompadas, sin despedida ni destino cierto.
La arrancaron del centro de su vida, y le crearon una de espanto y opresión. No sabemos su destino, cruel, sin duda alguna.

   A Micaela le robaron una madre, explicaciones, momentos que ya no han compartido.
Le impusieron un destino, que por sabiduría y garra reescribió junto a su abuela. Se hizo un tatuaje del sol que dibujaba su mamá y fue nuevamente vapuleada por  esa caterva de ignorantes (por ser generosa) que estaban en el banquillo de acusados acusando a una víctima, por un intento nimio de retener unos abrazos que ya no están. Una vos que quizá ya no recuerde. Una nana que la acunaba. Una mamá de fotografía.

   A Susana le desaparecieron una hija, no debe haber dolor más grande. Pero como si no bastara, la dejaron sola, la policía, el estado, la justicia. Aguantar ese desgarro, mientras educaba a su nieta. Y mientras buscaba a su hija. Y mientras se burlaban de ella. Y la rueda continuó así, dura, fatal desgarrante, día tras día durante diez años. Ella sola, con su coraje a cuestas, se metió hasta lo más profundo de su dolor,  y del ajeno. Y salvó a tantas Maritas como pudo, a pura empatía. Mientras se le moría otra esperanza porque ninguna era su hija. Siguió, nunca se detuvo. Diez años, en la vida de una persona es un montón de instantes, los de ella se multiplican, presos de la intensidad y desesperación más absoluta.

   Un pueblo la acompaña, mientras otro pueblo la esconde.
   Algunas personas del sistema político-social-gubernamental, colaboran con su búsqueda. Otros, continúan con la burla, el descaro, en un juego macabro de escondidas. Donde nunca hay piedra libre para nadie.

   Ella sola, continúa, pasan años, llantos diarios, respuestas a su nieta que ni ella tiene. Pero amorosamente las inventa..

   Y un día, después de mucho esfuerzo, de un cotidiano derrame de perseverancia., convicción y esperanza, de conseguir que finalmente, todo un pueblo siga y apoye su lucha... Se enfrenta a los acusados, que se burlan. Pero ella se enfrenta. 
  
   Muchas Maritas la acompañaron y contaron las más terribles historias. Ellas sobrevivientes de la brutalidad más animal, se animaron, y con y por Sunana, hablaron. Delante de los mismos jueces que las violaron, como reconoció una de ellas. El miedo, el pánico, fue escalera que busca la verdad, escalera que apoyada en el fango, quiso ver la luz.

   Acá no ha pasado nada señoras y señores, los tres jueces sentados en el tribunal, los que han escuchado las más terribles historias, los que han leído diez años de pruebas y testigos, sólo vieron una valija, quizá algún puesto de escritorio, tendrán una mejor casa, un futuro promisorio, y eso eligieron. Cambiaron verdad por mentira. Cambiaron futuro por cataratas renovadas de dolor y de injusticia. Eligieron muerte en vez de vida. Porque en ésto, les va la vida a muchas Maritas. 

   Hoy ganaron los burdeles, la trata de jóvenes sin paradero y sin familia. Putas varatas inconcientes, que lloran a lágrima viva. En algún lugar y en muchos, ellas están escondidas. Cadenas para ellas, maltrato, pérdida de identidad, y de todos sus amores y destino. 

   Hoy eligieron el dolor de muchas familias, liberaron asesinos. Y encarcelaron a las infinitas Maritas Verón que hay en la Argentina.

   Susana, dijo: “No tengo más lágrimas para llorar”, no lo entendieron. Se burlaron.
Ella va a seguir luchando, ojalá aprendamos algo de todo esto, hay mucho dolor, con la vida de las personas no se jode.
Hoy hay un montón de mujeres que lloran, y no sabemos donde están. 


CAROLINA FRANCO. BS. AS.- 12 DE DICIEMBRE- 2012

lunes, 5 de marzo de 2012

“Estamos acostumbrados, pero no deberíamos resignarnos.”

Esta es una larga historia de destrato. Encadenada a una larga historia de corrupción, y/o por lo menos de falta de idoneidad y compromiso con el trabajo.
Nosotros, el pueblo de esta Nación, elegimos, desde hace varios años, a nuestros representantes. Y éstos, no tienen otra cosa que hacer que eso mismo, simplemente, representarnos. Ser nuestra voz, y procurar que el Estado nos proteja, velar por nuestros derechos, tan simple es la ecuación. Desde allí se parte, y no desde otro u otros lugares inventados en la dialéctica política.
Es decir: el deber del Estado es el de proteger a sus ciudadanos, y administrar. Cuenta con los recursos de los tres poderes para el bienestar de sus ciudadanos. Y esto es indiscutible. La distribución de los recursos, bregar por el cumplimiento de las leyes, el cuidado de la salud, de la seguridad, de la educación, entre tantos derechos; están en sus manos. Esta no es una opinión personal, es algo que va de suyo en cualquier país, y bajo cualquier bandera política.
En nuestro país, cada uno cobra un salario por su trabajo. Esto nos hace,  inmediatamente, responsables, a cada uno de la tarea que desempeñamos. Es decir, el maestro, educa. El médico, cura. El policía protege a la ciudadanía. El comerciante vende, el juez imparte justicia, el barrendero limpia las calles. El bombero rescata personas. El país funciona gracias al aporte de cada uno de los trabajadores, que cumple una función por la cual recibe un salario. No es compleja la situación.  Es tan simple, y cotidiana, que en ocasiones se nos nubla la vista, y perdemos esta perspectiva.

Existen otro sinfín de variables que podríamos mencionar, para evaluar el funcionamiento de la sociedad, como sus valores, su educación, crisis sociales, etcs.; pero en este punto me detengo, para hacer más simple el relato.

Que nuestra sociedad atraviesa una crisis profunda de valores, no es ninguna novedad. Pero cierto es que esto conlleva también una crisis en nuestras relaciones, y me preocupa sobre todo, la falta de empatía. Cada vez más evidente.

Dícese de la empatía: La empatía es la identificación mental y afectiva de una persona con el estado de ánimo de otra. La capacidad cognitiva de sentir, en un contexto común, lo que un individuo diferente puede percibir.
Y cuánto nos falta al respecto como personas que convivimos a diario con otras personas. Qué difícil nos resulta, ponernos, dos segundos, en el sentir del otro. Para hablar y emitir juicios de valor sobre su vida sin el menor de los reparos. O a la hora de poder, simplemente, VER AL OTRO, como sujeto de derecho, diverso, pero igual. Muy difícil, resulta esto últimamente. Para evidenciarlo, no hace falta más que prender la tele, leer un diario, o escuchar la radio. Hablar con nuestros amigos o compañeros de trabajo.

Y en esta mezcla rara que estoy haciendo, entre los deberes de cada uno como miembro de una sociedad, en la falta de cumplimiento de las funciones de cada uno, y las abrumadoras dosis de falta de empatía que nos aquejan, nos va la vida. Y no es una exageración, sino una simpleza absoluta, porque estamos rodeados de otros, a los que no podemos ver.

Hay una madre, que no puede alimentar a sus hijos. Pese a su trabajo, hay chicos que son golpeados por sus padres, hay mujeres golpeadas y quemadas. Hay gente que viaja muy mal todos los días para ir a su trabajo. Hay gente que muere por mala praxis, gente que no tiene luz o agua en su domicilio, y gente que no tiene domicilio.
Y en esa cadena de los No tener, lo primero que dejan de tener es derechos, entonces no tiene justicia. Y hay responsables para cada una de estas situaciones que menciono y para otras tantas que olvido.

Responsabilidades, que no vemos a diario, o que nos acostumbramos a convivir con ellas. “Estamos acostumbrados, pero no deberíamos resignarnos.”

Un día, como cualquier otro en la vida de la gente que viaja a la mañana para ir a su trabajo, puede tornarse en el último día de su vida. O en un gran desastre familiar. O en un día de duelo nacional, como ocurrió el pasado 22 de febrero. La gente que viajaba en el tren Sarmiento, sabía que era víctima de un mal servicio. Pero no que eso los llevaría a la muerte. Víctimas, en un solo viaje: nos quedamos con 51 muertos, y 700 heridos. Y esto no fue un accidente. De ninguna manera. Cada una de estas personas sabía que, desde hace mucho tiempo, son víctimas del maltrato. Pero no adivinaban que les iba la vida en eso.

Tenemos otro problema, como sociedad, y es la incapacidad de prever, que sumada a la falta de empatía nos introduce sigilosamente en estas trampas mortales a diario.
Somos una sociedad que aprende después del dolor, nunca antes. No lo podemos ver antes, o, lo que es peor, no nos importa.

Mi abuelo Sebastián, inmigrante español, fue empelado del ferrocarril. Era ebanista en España, y trabajó aquí haciendo y reparando los bancos de los trenes. Formaba parte de aquella vieja red ferroviaria que llegó a ser una de las más grandes del mundo, la más grande de América Latina con 100.000 km de rieles que recorrían gran parte del país, que basaba su economía en un modelo agroexportador. Con capitales nacionales y extranjeros, unían pueblos, economías regionales, y trasladaban a los trabajadores a diario.

Pero pasaron muchos años de esto, y muchas administraciones. Y llegamos a la época de las privatizaciones menemistas y otras tantas, en las que se fue destrozando el servicio poco a poco pero sin descanso. En el medio, la gente, como de costumbre.
Aquí vale preguntarse si el servicio ferroviario de un país es un servicio que atiende a las necesidades de la gente y debe ser, como tal garantizado, para el normal desarrollo de la vida de una sociedad, y el crecimiento de un país, o es un servicio que atiende sólo las necesidades de lucro de la empresa. Lo pregunto. Porque considero que es vital aclarar las diferencias.

Llegamos entonces a las privatizaciones y a los contratos con empresas privadas, establecemos pautas, y nos sentamos a ver como, poco a poco, pero sin descanso los trenes eran menos, la vías se achicaron, los pueblos desaparecieron, y no fueron pocos, algo así como la desaparición de 1200 pueblos que, gracias al quite de la vía de acceso, desaparecieron, sin más. Llegan también las tercerizaciones, la creación de la CNRT, y otras yerbas. Y mientras, nosotros los damnificados, “Estamos acostumbrados. Pero no deberíamos resignarnos.”

Este nuevo sistema, por llamarlo de alguna manera, continúa, mucho más allá de Menem, de Puerta, de Rodríguez Saa, de Camaño, de Duhalde y de Néstor y Cristina
Kirchner. Si bien he escuchado algunas voces señalando y  reclamando la debacle del sistema ferroviario, como la de Pino Solanas en su documental. Nadie hizo nada al respecto, falta de empatía que le dicen, talvez inoperancia, corrupción, sospecho. No poder ver al otro, no velar por nuestro cuidado, violar por nuestros derechos, y cantidad de sinónimos o el conglomerado de todas las faltas juntas que hacen que estemos donde estamos. El sistema de destrucción, desinversión, y maltrato al ciudadano continúa vigente, se instala, cobra fuerza y acrecienta a través de todas las presidencias mencionadas. La CNRT, creada en la década del 90 tiene como misión fundacional: el control y fiscalización de los operadores de los servicios de transporte automotor y ferroviario de jurisdicción nacional, así como la protección de los derechos de los usuarios. Debe intervenir en nombre del Estado Nacional, en todo lo que sea relativo al transporte automotor y ferroviario, otorgados a las provincias como al sector privado. ¿Qué hizo todos estos años la CNRT? ¿Qué hizo el Estado?

Han pasado muchos años, muchos gobiernos, y muchas víctimas, como es posible que nos preocupemos de ciertos temas cuando son noticia, cuando se cobran vidas en alto número, y no podamos ver antes, no poder prevenir va de la mano de la empatía, de no poder ver las necesidades del otro. Va de la mano de la ineficiencia y de la corrupción. De no cumplir con el deber como trabajadores, empresarios, sindicalistas, tercerizados,  funcionarios y representantes del pueblo. Hay una cadena de disfuncionalidades que resuena y que cobra mayor timbre a la hora de la cantidad de víctimas del 22 de febrero en la terminal de Once. Pero esto viene de años, y de listas interminables de responsables, y de víctimas. “Estamos acostumbrados. Pero no deberíamos resignarnos.”

Entiendo que hay responsabilidades de todo tipo en esta tragedia, y en todas las anteriores, hay una caterva de número de muertes y accidentes ferroviarios, hay un millón de personas que viaja mal todos los días. Desde hace muchísimos años, y no hubo nadie que hiciera nada, los empleados, siguen laburando igual, los sindicalistas no los representan, se sospecha de su corrupción, y ambos en rarísimas ocasiones pararon el servicio porque la vida de la gente estaba en riesgo. Los empresarios están en más de un informe acusados de estafa al Estado. Los funcionarios no controlaron nunca que se hacía con el dinero de los subsidios, y con el funcionamiento general del servicio, y el Estado no cuidó a sus ciudadanos en el básico derecho de transitar por el territorio argentino, o la simple y cotidiana tarea de ir a trabajar. Tampoco controló que se hacía con el dinero que daba en subsidios a la empresa. Como Nación necesitamos de la eficacia de cada uno de los sectores que la componen, y de la satisfacción de nuestros derechos fundamentales que figuran en nuestra constitución. No estoy diciendo nada novedoso, pero me asombra que ahora nos desgarremos las vestiduras desde la presidencia para abajo cuando nadie hizo nada al respecto. Todos son responsables por no cumplir con su función, para eso se los eligió, y por eso se les paga un salario. Para el común de los ciudadanos sería impensado no cumplir con nuestras obligaciones en el trabajo, porque lisa y llanamente, nos echan. La pregunta es: que sucede en estos casos, porque hay privilegios, si todos gozamos de los mismos derechos y deberes.

Hoy, después de ver imágenes de espanto, de gran dolor, de pérdidas irreparables para un sinfín de personas, no sólo los 51 muertos, sino los 700 heridos, y sus secuelas, y las familias rotas, el chiquito que no conocerá a su papá, la mamá que no escuchará más cantar a su hijo. El padre que no verá a su hija ser madre. Los hijos que no verán más a su papá o a su mamá. Dolor real, no lágrimas para una cámara. Dolor cotidiano, ausencia eterna, casera, personal y desgarradora. No hay un solo representante, ni de la empresa, ni de los trabajadores, funcionarios y representantes del pueblo que haya tenido palabras de empatía reales hacia las víctimas, se dedicaron al debate político que huele a naftalina para toda una sociedad, que hoy es presa, no sólo de la corrupción y de la ineficacia de ellos sino de la injusticia, y del más profundo dolor, que es el de perder repentinamente a un ser querido víctima de la desidia ajena. No hay respeto ni siquiera por el dolor del otro, están intentando salvar su pellejo, cuando deberían callarse por lo menos por respeto, al dolor ajeno, unos cuantos días, hasta que, en el mejor de los casos la justicia se expida.

He visto imágenes de espanto, he visto el dolor ajeno, profundo, desesperado, de los familiares buscando a sus seres queridos, que no aparecían, mientras en el canal de al lado, se realizaban todo tipo de interpretaciones, macabras, por el destiempo de las mismas. Y  en los medios aparecían todas las voces que callaron durante todos estos años, cómplices por omisión, rasgándose las vestiduras. Tenemos esa extraña configuración como sociedad, pero más aún, característica de nuestras políticas de Estado, de ir detrás de las tragedias, y no varios pasos adelante, para proteger ala sociedad. Lloramos a nuestros muertos sin cuidarlos en vida. Siempre tarde. Y nunca aprendiendo. Previendo. La vida tiene un valor, que no se cuantifica. El derecho a la vida es el primigenio de los derechos, con ese no se juega ni se especula. Es el primero de los deberes de un funcionario. Y nosotros como ciudadanos, “Estamos acostumbrados. Pero no deberíamos resignarnos.”

Hace días que escucho infinidad de representantes de todos los sectores involucrados que intentan explicar lo que está claramente explícito, todos son responsables. No escucho a ninguno hablar de las víctimas, ya pasaron a ser un número más, unas de las tantas voces que se acallaron, como las de la Embajada de Israel, Ecos, las de Cromañón, y sigue la lista… hay una gran tarea que tiene por delante, no sólo con respecto a la ayuda a las víctimas, que será un tema a resolver por largo tiempo, sino con respecto a sí mismos y su tarea, dignifiquen su función, capacítense, y pongan en práctica y en sintonía con sus representados LA EMPATÍA. No es pedirles demasiado, unas van de la mano del sueldo que perciben para tal fin y la otra, de la escala de valores, la educación y los más elementales conceptos del valor de la vida del prójimo. Hay otro, que por brindarle servicios,  por haberlos elegido, por representarlo, por que su voto ha contado en algún momento, o simplemente porque es un prójimo, cuenta. Y debe ser tenido en cuenta. Y su vida vale, y debería ser mejorada constantemente, con políticas previsoras y no con manotazos de ahogado y compulsas políticas chabacanas y de muy mal gusto, frente al gran dolor ajeno. No nos están viendo!!! No se nos escucha y menos se nos representa. “Estamos acostumbrados. Pero no deberíamos resignarnos.”


Y para ejemplificar lo que digo, nada mejor que una de las más grandes barrabasadas que he escuchado en estos días de duelo. “ Es más económico para TBA pagar la indemnización a cada una de las víctimas, que se hace en cómodas cuotas y dentro de algunos años, que poner la plata necesaria para que el servicio funcione como es debido” La lógica que sostiene este pensamiento es nefasta! Pero si se la analiza en los términos de lo que sucede desde hace años, evidentemente es el leitmotiv de la empresa que nos transporta. Y hay, detrás de ella un sinfín de responsables. Aquí, como en otro montón de situaciones la corrupción y el desprecio por la vida ajena, mató. Hasta se dieron el toupée de especular con la desaparición de la última de las víctimas, Lucas Rey.
Descreyeron de los familiares, no inspeccionaron como se debía, los tuvieron deambulando por Buenos Aires,  para luego entregarles su hijo muerto, y hacer otro debate nacional, en pos de salvaguardar: “Yo lo encontré” Y quizá, Lucas haya sido doblemente víctima, sus padres ya lo son, perdieron a su hijo, y encima se lo escondieron, pero quizá Lucas podría haber sido salvado si la inoperancia no lo atacaba.  Además de intentar convertirlo en responsable en vez de víctima, que más se le pude pedir a una familia. Y a toda la sociedad en su conjunto. Por lo menos a los que hacemos uso de la empatía. Y entendemos el dolor ajeno. Aquellos que le damos valor a la vida, y que si bien, “Estamos acostumbrados. Pero no deberíamos resignarnos.” No nos vamos a resignar jamás. Si cada uno es responsable de la actividad que desempeña, se prepara para eso, es idóneo, y sobre todo humano, la sociedad sería otra, y nuestros representantes también.

CAROLINA FRANCO- Buenos Aires, 5 de marzo de 2012.-





jueves, 9 de febrero de 2012

Hoy, que la tarde se hizo noche:


Hoy la tarde se hizo noche, cuando en mi computadora, apareció la noticia, que ya sospechábamos todos. El Flaco, se fue de gira, como hacen los artistas. En un instante y como un rayo, la tarde se hizo noche, noche triste, de melodía desolada. Y con gusto a despedida, de esas que no le gustan a nadie.

Y en esta noche de nostalgia, las redes sociales, los canales de televisión, las radios, empezaron a poblarse de bellas palabras, y apareció un tema, y otro y otro más. En la tele escucho su música, y la compu se llena de muchachas con ojos de papel, y capitanes Betos. Y se suman, y cada vez son más. Y el silencio en los comentarios. Nosotros que solemos ser bastante necrológicos a la hora de las despedidas. En esta ocasión, llama la atención el respeto, sólo un chau Flaco, o un recuerdo de su admirada poesía. Y Toda su música. Que fue lo que tuvo la generosidad de dejarnos el Flaco. Que no necesita nombre, con sólo decir el Flaco, sabemos de quien estamos hablando.

Mi tristeza, es nuevamente acompañada por su dulce, dulce voz. Y mi asombro, se paraliza. Hay un tema en cada muro. Gente de todas las edades, paran un segundo su carrera, esta tarde noche de nostalgia, para postear un tema del Flaco. Gente de distintos países, alturas, pesos, ideologías, y culturas. Todos se detienen, y sólo se escucha su música. Es un fenómeno que me llama la atención. Por eso decidí ponerle palabras a esta tristeza.

Siempre creo que los artistas tienen el extraño privilegio de sobrevivirse, de perpetuarse en el espacio y el tiempo. Y nosotros, los comunes, los que nos quedamos un rato más por acá, tenemos la dicha inmensa de seguir disfrutando de sus poemas, sus cuadros, sus películas, novelas, cuentos. Y pasan mágicamente a eternizarse. Envidio amablemente ese destino. El del artista.

Pero hoy no se fue un artista más. Se fue el Flaco, que no sólo dejó música, dejó su poesía, su estilo inconfundible. Su porte inconfundible, su paso lento y desgarbado. Su rostro de facciones afiladas. Esa calma chica al hablar, tan pero tan particular que sumada a la suavidad de su voz, hacía un verdadero disfrute el escucharlo, y mucho más aún, si le prestábamos atención al contenido de sus palabras. Tan inteligentes y ubicadas, que parecían pensadas aritméticamente.

Más allá de mi pasión por la historia, esta tarde-noche, sin quererlo, se armó en mi cabeza, una secuencia de imágenes de mi vida que acompañaron la trayectoria de Luis. Mientras escuchaba la exquisita selección de temas en el Facebook de tanta gente, cada tema un recuerdo, una compañía, un año de mi vida. Y se armó sola, mágicamente. Quizá no fui la única, sospecho que esto le sucedió a muchos. El artista es así, mágico. Sospecho que antes de irse, nos dejó esta sensación profunda a todos, lo que lo transforma si bien en triste, en bella despedida.

De pequeña, en la casa una amiga me deslumbré por mi primera vez al escuchar Muchacha ojos de papel. En la casa de otra, Plegaria para un niño dormido. Eran tiempos de discos y comenzaban a aparecer los casettes. Cuando tuve mi primer grabador, escuchando la radio, hice mi primer compilado de temas del Flaco, que los elefantes, que Ana no duerme, o esas reconocidas Rutas argentinas. Cassette que aún conservo. Y mi niñez se empezó a plagar de metáforas bellísimas, de melodías exquisitas que acompañaban mis tardes o mis noches. Y torturaba a mi mamá con mi canto continuo.

Llegaron los tiempos de las primeras reuniones de amigos en la calle y la guitarra de Ale que siempre hacía el intento de imitarlo. Y yo cantando a su lado. Tiempos del primer noviecito, que era fanático de Spinetta, y me enseñó a conocer, casi obsesivamente, todos sus temas, todos sus discos, y horas de charla sobre su poesía. También había amigos que si bien decían no entender sus letras, las cantaban con nosotros. La poesía no hay que entenderla, hay que sentirla, es sólo y simplemente eso. La belleza no se explica. Y tiempo después el mismo Flaco se cansaba de explicar lo mismo. Es la magia del arte, y el poder de su trascendencia.

Cuando vinieron los tiempos de la democracia. Y empezó el auge del llamado, rock nacional y los recitales populares, que iban de la mano con mi independencia. Con mi novio y amigas fuimos a verlo en varios lugares. Y un día, para el cumpleaños de Leo, voy al Luna Park para regalarle las entradas para el recital del Flaco. La sorpresa, cuando salgo de la boletería, feliz por el regalo para mi noviecito, me choco con el Flaco, sólo atiné a decirle: -Hola. Sonrió y me respondió lo mismo. Impresionada, me quedé parada en la esquina, viendo irse su figura. Paso lento, sus rulos, la simpleza, y luz propia;  jamás se borró esa imagen de mi retina. Ayer lo imaginaba yendo, de esa manera por otros caminos, los celestiales. A paso lento, mágico.

Toda mi adolescencia, estuvo atravesada por sus temas. Creo que esto nos sucede a todos. Hay una imagen de nuestra vida, unida a una frase poética del Flaco. Nace como respuesta a una pregunta, como recuerdo grato. Como compañía en una noche triste. Los que hemos tenido la posibilidad de verlo, sólo o acompañado. Con sus diferentes grupos o tocando solito en un bar pequeño. En un mega recital, o en una noche solitaria, o en una casa con amigos.

Y hoy, que la tarde se hizo noche repentina, noche azorada para tantos; veo sorprendida que “Algo está pasando hoy”, a todos nos pasó algo hoy. Algo que tocó nuestros recuerdos de adolescentes, de niños, de adultos. Hoy todos escuchamos a Spinetta, “Será que su canción llegó hasta el Sol”. Y allí va el Flaco, paso cansino, irá a recorrer otros lugares. Llevará su talento, sus palabras bellas, estampadas en lienzo etéreo.  Pero, mágicamente, su voz quedará en nuestros oídos. Ha tenido la delicadeza de dejarnos un sinfín de poesías. La más preciada música. Y junto a ellas los mejores recuerdos de nuestras vidas que fueron atravesados por su magia. Sus metáforas quedan aquí también. Hay un cielo eterno para el recuerdo.

Hoy, cuando la tarde se hizo noche  de tristeza, de repente, y con la misma intensidad del dolor que nos habita a todos, el Flaco dejó en cada muro, en cada canal y en cada emisora, las más bellas melodías. Las imágenes que nunca olvidaremos. Aquellas sensaciones que mágicamente produjo en nosotros, tan tímidamente, comenzaron a sonar y a perpetuarse a modo de eterna compañía. De un país que ha sido marcado por su talento, de cada vida, la de muchos,  una tarea de tantos años y de tanto talento comienza a formar parte de nuestra historia cultural.

Hoy el Flaco no quiso estar en un solo lugar, está en todos nosotros, y se perpetuará en la memoria colectiva de más de una generación. Allá va Luis, a paso lento, su canción llegó hasta sol nomás.

Hoy, cuando la tarde se hizo noche de nostalgia intempestiva, “hoy dejo de pensar, y veo que al final, siempre estarás en mí”.

CAROLINA FRANCO. Bs. As. 8 febrero 2012.-


viernes, 29 de octubre de 2010

NO ME PARECE JUSTO

NO ME PARECE JUSTO:


Vino desde el Sur, hace algunos años, siendo un casi desconocido para el pueblo. Venía lleno de buenas intenciones y de una vocación de servicio hacia el País, en una valija; y de un ideario setentista: cargado de sueños y luchas perdidas, en la otra. Y con su esposa y su familia. Y sus muchos amigos.
Llegó “Para hacer nuestra Patria grande, libre y soberana”, seria y con una visión de integración hacia el mundo entero, con una mirada revisionista de lo acontecido en los últimos años con respecto a los Derechos Humanos, con un plan económico solvente, en donde teóricamente se encontraba como prioridad la movilidad social ascendente, la recomposición del empresariado nacional con miras a detener la inflación, aumentar el pleno empleo, desterrando de una buena vez por todas, los planes sociales que fomentan el clientelismo político, combatir la desnutrición... Y ya no recuerdo, cuantas promesas más.
En síntesis, un modelo de país en el cual: la educación, la salud y el acceso a una vida digna estén al alcance de todos.

La pregunta es ¿qué pasó?

Resultó ser que las valijas no venían del Sur con el matrimonio presidencial, sino de Venezuela, metiéndonos en un escándalo frente al mundo. Que, a día de hoy, no fue resulto sino ocultado. Seguramente en otra valija, o en algún botiquín del baño de la Rosada. 
El buen manejo de las relaciones internacionales, nos llevó a tener nuestras fronteras cortadas, por asambleístas en contra de la contaminación de la pastera Botnia; a tener que escuchar infinidad de malos entendidos con nuestros hermanos uruguayos. Y a no dar la cara para solucionar nada, sino a cortar, y no impedir los cortes, y así meses; donde otra parte de dos pueblos se vieron afectados. 
Problemas de enojos españoles, una escandalosa “amistad” con el hermano bolivariano,  otra de carácter más ¿reivindicatorio? (o como más les guste llamarlo), con Fidel.

Entonces comenzaron los ruidos… emergían de los diarios, de las charlas de oficina, de las páginas de algún libro, en algún café solitario; o en aquellos lugares, voces o instantáneas cotidianas, donde algún atisbo de inteligencia uno siempre suele encontrar, para llevar, más amenamente, la dura realidad cotidiana.  Y no sentirse tan loca, tan anarquista, o tan sola.

Le llegó el turno al Campo, pues había que ampliar los ingresos de la Caja del matrimonio, y alguien tenía que ser sacrificado. Pero no fueron por una parte, fueron por todo, ellos son impetuosos, irrefrenables, luchadores que siempre, van por todo. Creo que ahí comenzaron los tiempos del odio. Momentos y discursos en donde frente a la tele o en algún diario, comenzaba a perfilarse, la ceguera y la sordera absoluta: mirada absolutista, fundamentalista, en donde, se confundía todo. Había que demostrar fortaleza, y ésta no se encontraba en las propuestas de un gobierno, basadas en un plan integral de medidas agropecuarias.  Y esto de la redistribución de la riqueza comenzó a no ser creíble… Y el otro, ya no importa; porque el poder ya se tiene, entonces no sirve, por lo menos hasta dentro de unos años; y se confunden los tantos, se nubla el horizonte, surge la ira, el despotismo, y los gorilas resultaron ser los hombres del campo. Oligarcas, este término, que curioso, lo he escuchado de pequeña. Pero puede alguien que ha cosechado fortunas en el Sur, de un patrimonio incalculable, decir ¿quien es oligarca? Hay algo confuso, allí.
Entonces vino D’Elía y su gente, a poblar una Plaza que es de todos, y de nadie… Vino, con la barbarie en la trompada y la palabra. Hubo que escuchar infinidad de amenazas; hasta en contra de las caricaturas de diarios, puesto que todo se tornó peligroso; oligárquicamente peligroso, y sospechados de desestabilizadores, pobre Hermenegildo.

Y, en cada rincón se discutía de soja, que empezó a redefinirse como sinónimo de la palabra campo, pero no lo era. La tele y los diarios, el programa de radio a la mañana, mostraban un país resquebrajado, dolorido, con bronca, y la impotencia de las voces inteligentes que pretendían ser calladas. Mordaza y grito popular, incoherencia de pensamiento y de palabra, escasa lucidez, ignorancia y futuro, poder y obsecuencia, y si uno miraba un poquito más allá (o dejaba actuar a su empatía) comenzaba a comprender que el se gane o se pierda, ya había dejado heridos.

   Después nos tocó a todos los que pensamos distinto. Porque lo distinto desestabiliza.

  Pasó el tiempo, el ambiente seguía enrarecido, o yo seguía siendo rara, no lo sé, empiezo a confundirme, pero… Frente a la caída del Gran Imperio de Bush, a nosotros que “la teníamos más clara que el resto del mundo”, según me contaba nuestra presidente; no nos iba a ir tan mal, nosotros éramos vivos. Y de pronto el mundo se globalizó a los pocos días y el caos internacional estaba en marcha, y entonces, los vivos, intentaron tranquilizarnos, o mentirnos, como a cada uno más le guste.
Asó las cosas, como somos más vivos que todo el mundo, aparecieron los planes. Que después de todo lo vivido, cada vez que escucho la palabra plan, he aprendido que nunca es tal. Parece ser que en nuestra dirigencia la palabra plan se le asigna a una idea. Siendo optimistas, a un conjunto de ellas, tal vez dos o cuatro, tal vez estudiaron algo, pero nunca llamando a cada una de las partes interesadas y expertas en el tema, sea cual fuere. (Convengamos que esto de andar re-aprendiendo la nueva terminología kirchnerista, resulta ser buen ejercicio para el aprendizaje de lectura de señales, la redefinición de los términos. Para intentar entender lo que se está queriendo decir, agiliza las neuronas. Quizá haya encontrado, en este punto, algo que debiera agradecerles.)

Rápidamente, pero más lento que otros países, como España o Francia, no creo que más inexpertos o improvisados que nosotros; sacaron la libreta y comenzaron a leer. Día a día, un plan nuevo, y me lo explicaron con una terminología alucinante, casi rayana en la subestimación de la inteligencia, pero bueno, ése es el estilo, el estilo K, digo.

De pronto, los precios de Moreno no aparecen en ningún súper, todo se fue a cualquier parte, mi casa pareciera haberse mudado hacia otro país. Basta ver las caras de la gente, en la cola de los chinos de la otra cuadra, y por otro la señora de la tele de Canal 7 que me amenaza, con que si no compro, me voy a quedar sin trabajo. Aquí, es dónde empiezo a pensar, que hay algo que no anda bien…

Acá hay más ruidos, y no son, como dicen algunos amigos y familiares, que tengo que ver otro canal, que el programa de radio con el que despierto desde hace años a la mañana, de pronto miente; o que tal diario, y entonces tal señor de letra impresa, y los intereses… No, no y no. Es el vecino, es la escuela, la calle, el compañero de laburo, los chicos durmiendo en Callao, a las tres de la tarde, en el piso. El celular que desaparece en el colectivo. También son Derechos Humanos, digo yo, que me han dejado hasta sin documento, viajando en un colectivo. ¿Será que no soy de este país? ¿Que me han llevado a otro, y no me he dado cuenta?
He desistido de comprarme una heladera más moderna, ya no tendré un 0 km, no voy a cambiar finalmente los equipos de aire acondicionado… pero además, tengo que volver a escuchar irrazonabilidades con respecto a la situación del campo, que creo que este año, ya tuvimos bastante de esa locura, ese manejo del poder dictatorial, que sólo demuestra la ceguera del poder de turno frente a la más cruda realidad, la falta de agua, por ejemplo, la situación de las provincias, la inseguridad, las muertes de chicos con hambre. No, eso sucede en mí país. 

Aún no ha llegado a mi domicilio la famosa bombita de bajo consumo. Yo ante el retraso compré algunas, en un principio, esperando alguna modificación en mi boleta de luz, pero ahora no sólo no tengo la bombita gubernamental, sino que permiten que me arruinen las vacaciones esperando aterrorizada la próxima boleta de Edesur y su 360% más de costo, por un servicio absolutamente deteriorado, del que dejo de disponer en el momento menos pensado, y que en ocasiones me ha arruinado con sus bajas de tensión o cortes de suministro, la computadora y otros artefactos…

       Pero no me toquen a las mentes privilegiadas, que con su mirada inteligente e independiente hacen que crea que todavía es posible, en este país, ser honesto, tener valores y pensamientos propios. Simplemente, decir lo que piensan, ellos que pueden decir lo que me pasa a mí y supongo yo, que a otros tantos argentinos. No estoy dispuesta a que me roben esa posibilidad de levantarme a la mañana, y tener del otro lado del parlante, una vos que me cuente lo que sucede en mi país, y en el mundo con excelencia, en la búsqueda de las fuentes de información, creando un lugarcito matutino de un espacio pluralista, presto a la discusión de las ideas con una educación absoluta, lleno de buen gusto, con palabras certeras y siempre por demás gentiles; con una mirada inteligente que sobrevuela la mediocridad imperante y no sólo la observa sino la critica con adultez.
Callar esa voz es callar la de miles de personas, es no darle la posibilidad de repensar nuestra más cruda realidad y a la vez conocer otras voces, degustar otras inteligencias, despertar el respeto por el otro, distinto o no, pero el otro. Tan valioso como el uno.

Y no, también me sacaron eso, levantaron el programa que me acompañaba, Nelson no está más en la radio, por entrevistar a una empresa con ciertas dificultades de aclarar su situación, y que además compró su radio, para acallar voces. Por distintas. Sigue sin entenderse que lo distinto, puede aportar. Que vivimos en una democracia, donde viven muchos distintos. 


45 millones en publicidad oficial que Massa reasignó, porque el medio ambiente se encuentra en un estado inmejorable, y para la compra de transportes que bueno, el Jefe de Gabinete podrá trasladarse igualmente hacia destinos inquebrantables y la modernización de la gestión pública de gobiernos municipales no es necesaria, porque, después de todo no iba a ser destinada para la gente del lugar, sino para las patotas oficialistas. Que los muchachos esperen, ahora hay que apagar el incendio.

También puedo ver que vivo en otro país, si pongo con el control remoto el Canal Gubernamental, que debería ser el Canal del Estado, que no es lo mismo. Y veo, el mismo país que me cuentan los K, pero no veo a Cobos en el Festival de Doma y Folklore de Jesús María. No veo a ningún político de la oposición sentado en sus programas. Veo el país K, pero siento que me falta la posibilidad de ver mi país. Veo un eterno escrache a periodistas a canales de televisión, a monopolios. Y un discurso, que generalmente carece de fundamentación sustentada en documentos, rodeados de una serie de opinólogos, de mínima, poco realistas,  con reminiscencias inquisidoras. 

Luego llegó otra pelea del gobierno, porque parece ser que el gobierno, no propone; impone, lucha y pelea. Conceptos que se me vienen cotidianos en los discursos que escucho diariamente, y comienzan a generarme temor. EL GOBIERNO VS. CLARÍN. Y yo agregaría los monopolios, los que opinan distinto, los que están en la vereda de enfrente, los periodistas. Pero en esa guerra me metieron a mí, que yo quiero escuchar todas las voces, el pluralismo, enriquece. No devasta. Ellos contra el mundo, no es una ecuación lógica. Y si bien comparto la idea de que Clarín no es un santo de mi devoción, no creo que me tengan que prohibir escucharlo, mirarlo. Porque el gobierno se haya peleado, nuevamente, con Magneto, porque hasta hace poco eran amigos. Y ahora ya no. Y hay que combatir al enemigo. Esto no me suena muy democrático. Lo que sí sería democrático es que me den todas las posibilidades para que yo con mi control remoto en mi casa o con mi monedero en el kiosco, pueda comprar o mirar lo que yo quiera. Y si no coincido, pueda darme la oportunidad de escuchar lo que no comparto y de elegir que veo o leo y que no. Pero déjenme elegir a mi solita, no elijan por mí. Y entonces vuelta el discurso del odio, del autoritarismo. Las pancartas en los actos en contra de Clarín, y de los periodistas. Y una libertad de expresión, que; entre una ley de medios tirada de los pelos, llevada a la justicia; los escraches a periodistas en los actos; y la distribución antojadiza y desprolija de la pauta oficial, presionan sobre una libertad de expresión, que ya no es ni de prensa ni de empresa, ya no está. Y no lo digo yo solita. Lo dicen los informes de la SIP, lo dicen distintas organizaciones no gubernamentales. Y lo digo humildemente yo, que miro tele y leo diarios. 

Después, más tarde que temprano, me hicieron entender que las AFIP eran una estafa para los pobres y castigados eternos, los jubilados. Y, para los futuros también. Y defendiendo mis derechos a futuro, y el de muchos, en este presente injustamente acostumbrado; los dineros de los jubilados, los maneja ahora, el Estado. Yo, ilusa, creí, en la redistribución de la riqueza, la recordé, dije, ahora sí, un gobierno popular, progresista.  Les va a dar a los jubilados, lo que hace tantos años se merecen. Pero no me di cuenta que yo vivo en otro país. Y el dinero nunca fue hacia ellos. Si la plata del ANSES, que no era poca, sirvió para tanto… Pero justo, justo, para los que durante años trabajaron por su patria, y se les descontó para que tengan un futuro digno, para ellos no. Total, que más da, hay cosas más importantes, si se han bancado tantas. Si pueden hacer colas infernales, para cobrar sus pesos todos los meses, si el servicio de salud, que tanto necesitan, es altamente insuficiente, injusto y en ocasiones perverso, para que darles más. Los arreglamos con dos aumentos al año y ya. Chau pinela. Y así fue.
Llegó luego la alegría para el pueblo, porque nuestro país es altamente futbolero. Entonces que mejor, que el pueblo esté contento, y mire todo el fútbol en “Fútbol para Todos”. La gente chocha. Mi cuñado, mis hijos, mis amigos. Todos miramos todos los partidos, pero... ¿Alguien se pregunta a qué precio? Todo ese dinero, podría ir a hospitales, educación, a las provincias de los chicos que se mueren de hambre, van a la escuela en patas, y no tienen agua. Podría ir a tantos!! Pero, mejor que el pueblo se divierta, antes de que esté vivo, o educado y saludable.  Yo no veo fútbol, no me gusta, pues va atado de la mano, de las barras bravas, la violencia, y me pone muy nerviosa todo eso. Pero me he detenido a observar, y me gustó, porque, con el “Fútbol para todos”, ahora puedo enterarme de lo bien que está mi país, el que yo no encuentro nunca. Mirando el partido veo todo lo que realiza el gobierno, lo bien que estamos, y me gustó, porque no miro el partido, pero me entero de todo lo que hacen. Pero, nooooo!!! Qué estoy diciendo, ya están logrando lavarme el cerebro!! ¿Quién paga toda esa información sobre las obras de mi país nuevo? Sí, sí claro, la pagamos todos. Ah nononono, entonces no miro más. Prefiero que ese dinero, que es muchísimo se redistribuya de otra manera. Y vuelvo a mi país, el de los sueños, las utopías, el de la minoría. El que quiero tener. En el que quiero vivir alguna vez. El que no me resisto a perder.


Esto lo he escrito hace más de un año, y las cosas no han cambiado.  Podría ser más extensa en mi relato y comentar lo que siento con la compra de una aerolínea nacional que no vuela. Con la seguridad de mi barrio, de mis calles, de mi gente. Con los muertos diarios, en manos de colectiveros dislocados, y sistemas que no controlan, pero que financian. Podría seguir con los medicamentos truchos, por favor, jugar con la salud de la gente!! Creo que no resistiría ahondar en ese tema. Con la cantidad de mujeres que mueren a causa del maltrato en sus hogares, con la violencia en las escuelas. Podría preguntarme qué pasó con los precios que tiene el chino de mi barrio, y los que me dice Moreno, que sigo buscándolos por todo Bs. As., y aún no los encuentro. O será en otro país. Y la verdad que vivir, crear planes de gobierno, y gobernarlo, sin saber cual es el índice de inflación, de mínima debe ser un poco complicado.
Podría hablar de la patota sindical, en los clubes, en los sindicatos, y de su falta de pluralidad ideológica y de sus representantes, que no se ven como trabajadores, comunes, del pueblo. ¿De qué trabaja Moyano? ¿Su hijo? Y otros tantos. Se me viene a la cabeza, entonces, la muerte de Mariano, 23 años, cinco presos, y mucho desconcierto. Y de la mujer con el balazo en la cabeza. Mmmmmm, suena raro. Y no hablar de lo que sucede en el Congreso y en la Justicia.  

Pero, hace unos días, he amanecido con una noticia, que conmovió al mundo, y debo decir a mí también. Y me ha confundido tanto, después de ver la tele durante tres días, que me senté a releer esto que he escrito, y hoy he decidido retomarlo. La tele me mostraba en placa roja sorpresiva, a mí, y al mundo entero que, Néstor Kirchner ha fallecido. No he podido salir de mi consternación hasta hoy, y ya pasaron tres días de duelo nacional. 

Mi primer sentimiento, fue el dolor, porque toda muerte genera eso. Luego pensé, en su familia. En su mujer, tantos años a su lado, tan dependiente que parece o no, pero a su lado. Luego en lo que significaba para su  hija, viajar horas y horas desde otro país, sola, sabiendo que su padre ha muerto.  Luego pensé en Cristina no sólo como mujer, ahora sostén de sus hijos, sino de un país, que en pocos días tendrá que continuar gobernando con un gran dolor a cuestas. Gran respeto, ante el dolor. Más aún ante el dolor de una madre, y el dolor de una pérdida personal. El del amor de una vida juntos.
Luego lo pensé como ciudadana, que obviamente no está conforme con su política de gobierno. Con su manera, de decir, de comunicar, con su ideario político, y con su autoritarismo y su dureza extrema. Y en ocasiones, con su omnipotencia, y sus discursos, que hace que sienta, que mi presidente, está subestimando mi inteligencia. Además, de comunicarme las novedades o sus opiniones por Twitter, que no manejo, y que creo que la mayoría de este pueblo no tiene la posibilidad de hacerlo.
Pero, lo primero que decidí hacer como ciudadana fue, respetar el dolor del otro, y no hablar, tampoco escribir. Sólo mirar y analizar. Escuchar. Lo hice, durante los tres días de duelo Nacional. Y hoy, puedo decir lo que pienso y siento, con el mismo respeto, pero sin sentirme respetada en lo más mínimo, y absolutamente dolida y consternada.
Hoy más que nunca siento que vivo en otro país, me siento sola. Incomprendida, avasallada, y sobre todas las cosas, cansada del odio ajeno del fundamentalismo a ultranza, y de la falta de respeto. Y me da miedo pensar hacia donde vamos.
Hoy más que nunca, me preocupa, mi futuro y el de todos. Porque lo que me sucede es que no puedo comprender, como hemos perdido la memoria, como la muerte de alguien, repito, que he respetado y respeto en su dolor, nos hace saltar los escalones y lo convierte automáticamente en mesías. Sé que sucede con la muerte, uno engrandece la figura de la persona de nos abandona. Pero, no podemos de un día a otro, convertir a un ex presidente, en un héroe, no sólo nacional, sino latinoamericano. Al mayor luchador de los derechos humanos en este país. No, no se puede, puedo respetarlo a él y a su familia, y a mi presidente, porque aunque pienso diferente, creo que aún puede ser mi presidente. Tengo ese derecho. Pero hechos de tamaña magnitud, deben ser juzgados por la historia. No es de un día para el otro que se transforma a alguien en otra cosa, no, ni siquiera sus adeptos más acérrimos, pueden juzgar en el ahora, lo que estamos atravesando en el hoy.
Y entonces, sentí el aquelarre, los suyos y los otros, los gestos, los comentarios. Es cierto,  el dolor del pueblo lo he visto, y lo respeto. Los jóvenes en su reingreso, pareciera verse, a la política, lo celebro. La fortaleza de esa mujer frente a su pueblo y sus hijos, podría admirarla. La capacidad de lucha de él, también, pero no lo métodos.
Y no quiero, no puedo, dejar de decir esto, pero empiezo a sentir que no es justo, para mí y para muchos otros. No son ellos y su dolor contra el resto. No es así. Todos apoyamos y esperamos que Cristina termine su mandato de la mejor manera posible, porque eso es para todos. ¿Pero, porqué no me incluyen a mí? Yo los respeto, pero porqué no me respetan a mí. En todos estos días he sentido el mismo discurso, la fortaleza, no puede ni debe confundirse con el odio y la negación de los otros, los Carolinas y muchos más que pensamos diferente. Me he paseado por redes sociales, diarios, canales de televisión, y me he sentido absolutamente excluida, otra vez, en mi propio país. Por pensar distinto. Y he visto con profunda tristeza, discursos fundamentalistas, donde el otro sólo por diferente, es digno del estigma y la locura de tener que discutir porque somos más y más fuertes. Y he visto, el opuesto, la vanalidad y la falta de respeto también de comparar a un ex presidente  con el pulpo Paul. O los bocinazos y los chistes y festejos por la muerte del mismo. Ni unos ni otros, no podría ser mi país de esa manera. He escuchado proposiciones para candidaturas en pleno duelo. Vamos, por favor, dejemos que el tiempo, que siempre es sabio, deje mostrarnos a todos el camino a seguir ahora. Unificando, uniendo, pacificando, esperando que la historia, y no nosotros, que somos actualidad pura, juzgue lo que ha estado bien y lo que no.

Yo soy una sola, una persona, trabajadora, madre de familia, no importa mi edad, mis gustos, mis intereses, mis creencias; pero sí importan mis derechos. Y lucho por ellos. Y por los de mis hijos. En un país que parece que muchas cosas dan lo mismo. Que nos dificultan la posibilidad del disenso, de opinar distinto, de creer en los valores, de la honestidad, los derechos humanos, de todos, y no de algunos.
Yo tengo derecho a opinar, aún sobre alguien que ha muerto, con absoluto respeto, cosa que no encuentro en ningún lado. Pues hablo con familiares, y se han tornado fundamentalistas, hablo con amigos, y me hacen ruido, miro los medios, y no siento respeto alguno, y menos fundamentos inteligentes, o por lo menos ecuánimes. Seamos justos. Ha hecho cosas que han trazado quizá un camino, y ojalá así sea. Porque es para el bien de todos.
Pero también hay discursos  de odio que me asustan, señora presidente, el pueblo es uno solo, y yo, como otros tantos, formamos, también, parte de él. Yo quiero poder sentir que formo parte, aún desde la divergencia. Sentir que puedo decir lo que pienso sin que me salten a la yugular la persona que me escucha, el que me lee, sólo por distinta,  porque el otro y su mirada pueden y deben enriquecer el pensamiento opuesto.  Pero estamos cada vez más violentos, más enfrentados, más divididos.

No es Ud. vs. los otros, Ud. debe ser Ud. con todos.
Y yo también cuento.   

CAROLINA FRANCO.- BS. AS.- 30 OCTUBRE 2010.-