No soy católica,
no soy K. Soy atea, anarquista y librepensadora. Me interesan los fenómenos
históricos y sociales. El caos del falso orden. Y los entiendo como parte de un
proceso de aprendizaje y de cambio. Que se podrán analizar con el paso del
tiempo, y no con la calentura y corta visión del ahora.
Aclarado
todo esto, entiendo que estamos viviendo procesos convulsivos que nos llevarán
hacia algún lugar.
Días
convulsivos, de enfrentamientos ideológicos, que siempre son enriquecedores,
pero tan agresivos e intolerantes como estamos se tornan indigeribles. Basta
con leer los diarios, mirar la tv, o sentarse a pasear por los muros del fcbk
de nuestros amigos o contactos, para que nos manchemos con cataratas de
intolerancias. Cegueras sin sentido. Y poco respeto hacia lo diferente o lo
distinto. Insisto siempre con la misma idea, lo distinto nos enriquece, nos
aporta, nos hace pensar. No hay que temerle, odiarlo, o destruirlo. Es solo
sumar no restar. Nadie dice que vamos a pensar lo mismo, sería aburrido, peor
es sólo “poder escuchar al otro”. Después cada uno sacará sus conclusiones. Y
ya…
No soy una
gran conocedora de las actividades del Vaticano. Y en su mayoría, estoy en
desacuerdo. Creo que la iglesia como institución, más allá de su dogma y su fe,
ha quedado estancada en el tiempo, retrasa, para la sociedad. Pero respeto a
todos los que creen en ella.
Frente a la
designación del nuevo papa, me he visto avallada por cataratas de información a
favor y en contra. Me parece, como siempre, que es un acontecimiento histórico,
y como tal no estamos nosotros en condiciones de evaluarlo aún. Aparecen un
sinfín de acusaciones, fotos, y comentarios, de absoluta falta de respeto, no sólo
para Francisco, a quien no conozco. Sino, a quienes creen en él, y a quienes
respeto en su fe. No voy a sumarme a ningún barco. No me corresponde, no estoy
de acuerdo y menos si esto sucede a través de cataratas de agresión sin
sentido. Cosa que detesto. Y de lo que me parece más peligroso… De falta de
información. En el medio, como siempre está la gente.
Me parece
que hay que esperar, antes de atacar o idolatrar. Pero estamos tan convulsivos
que no podemos hacerlo. A los pocos segundos de su designación, los muros se
llenaron de fofos siniestras. Que estuvo con los dictadores, le fabricaron un
papamóvil con un falcón verde que lejos de mover a risa da dolor histórico. Valorizaciones,
que, pese a reconocerme neófita en el tema de la iglesia, me parecen agresivas,
pero sobre todo, fuera de contexto de investigación histórica. Y por demás
agraviantes, no para la figura papal, sino para la gente que cree en ella. Que
pueden ser amigos, familiares, conocidos. Perdemos el horizonte con este tipo
de cegueras. Y no estoy defendiendo a la iglesia, de ninguna manera. Estoy
defendiendo las libertades individuales y abogando por el respeto a la
diversidad.
No estoy de
acuerdo con muchas de las cosas que suceden en el Vaticano, empezando por su
estructura grandilocuentemente ostentosa. Si se debe predicar con el ejemplo,
la iglesia debería ir por la austeridad, la simpleza y la imagen en estos casos
importa.
Tampoco
estoy de acuerdo con muchos de los pensamientos de la iglesia católica, creo
que retrasa, frente a una sociedad que va en continuo crecimiento científico,
tecnológico, a la cual día a día se le plantean nuevos desafíos. Pensemos en el
SIDA, a la gente le va la vida en ello. Y la iglesia no permite el uso de
preservativos. Elemento que salva vidas. Ni hablar de las acusaciones de
pedofilia que pesan sobre muchos de sus máximos representantes, y se los oculta
y cubre. Recuerdo frases poco felices sobre el matrimonio igualitario, el
derecho a una muerte digna, el aborto, donde también va la vida de mucha gente.
He tenido
grandes conversaciones con creyentes y defensores del dogma y no han sabido o
no he podido comprender la postura de la iglesia con respecto a estos temas y
otros tantos que se me están olvidando en estos momentos. Pero los respeto.
Me parece
que tendríamos que poder empezar a pensar en positivo, alguna vez y no en
destructivo de todo lo diverso, distinto, que nos genera tanto miedo que
sentimos de inmediato la necesidad de combatirlo.
El
nombramiento de un nuevo papa y pa colmo argento nos ha despertado más odios de
los que ya teníamos hasta hace unos días. El tipo aún no empezó a hablar ni,
mucho menos a actuar, y ya salimos a escarchar. Repito pa mí la iglesia
retrasa, y no soy devota de ella. Pero siento que antes de criticar sobre lo
que se dice, deberíamos tomarnos el tiempo apar ver y escuchar de que va a ir
este nuevo papado.
Sin ánimo
de defender a nadie, creo en los gestos, más que en las palabras. Y, me da la
sensación, puedo equivocarme, habrá que verlo con el tiempo; que Francisco
viene con una impronta de austeridad. Y no me parece un dato menor, de alguien
que se supone es el representante de dios en la tierra.
También he
visto un gesto amable, y sonriente. Que en los tiempos que corren, no es un
dato menor, frente a tanto caracúlico suelto. Ha elegido símbolos austeros para
el mismo. Y saludó a sus fieles en italiano, y no en latín, cosa que he leído
como un signo de acercamiento a la gente y de modernidad. Puedo equivocarme, lo
veré con el tiempo.
He leído lo
que he podido sobre su pasado y su posible vinculación con la dictadura de
nuestro país. Sinceramente, entre lo que opine Verbistzky, que debería estar
preso por los delitos cometidos como integrante de la FAP y montoneros, antes
que ser reconocido como un buen escritor, cosa que tampoco lo es, y menos aún
como representante de los derechos humanos de nuestro país. (Sé que con esto me
gano enemigos, pero para mí un violento no representará nunca los derechos
humanos, y un oportunista, menos) Y lo que opine Pérez Esquivel o gente que ha
estado vinculada con el trabajo de investigación del Nunca Más, me quedo con
esta gente. De todas maneras, creo que la iglesia toda, en esos dolorosos
tiempos de la dictadura, a excepción de los curas tercermundistas, que les fue
la vida en esos tiempos; no hizo nada, como muchos sectores de nuestra
sociedad, entonces no me parece tampoco oportuno el desgarre de las vestiduras
de muchos a día de hoy. Más bien, me parece oportunismo.
Con
respecto a frases poco felices de Francisco, sobre el matrimonio igualitario,
son las que vengo escuchando de cada uno de los representantes de ese sector y
las que no voy a compartir nunca. Es
decir, no creo que cambien grandes cosas que tengan que ver con el dogma de fe
de la iglesia católica. Pero tampoco me parece un dato menor, que a pocos días
de su nombramiento le diga al cardenal de Boston, que está pegado a las
cuestiones más oscurantistas de la pedofilia en EEUU, responsable del encubrimiento
de 250 curas pederastas, que no trate de no frecuentar el Vaticano, es un
gesto. Y creo en los gestos más que en las palabras.
En lo
personal, he decidido, detenerme a mirar los acontecimientos antes que salir rápidamente
a enjuiciar. Tal vez, peque como me dice siempre mi primo, de optimista pelotuda.
Pero creo que primero hay que observar y después hablar. Y en este sentido
priorizo dos cosas, el paso del tiempo en un acontecimiento histórico de tamaña
magnitud, y el respeto al otro, al distinto. Sobre todo en cuestiones de fe.
Hechos no
palabras, tiempo, respeto, y diversidad. No me parecen poca cosa. Me parece que
las andamos necesitando como sociedad. He dicho.
CAROLINA FRANCO- Bs. As. 15 MARZO – 2013.