Hoy la tarde se hizo noche, cuando en mi computadora, apareció la noticia, que ya sospechábamos todos. El Flaco, se fue de gira, como hacen los artistas. En un instante y como un rayo, la tarde se hizo noche, noche triste, de melodía desolada. Y con gusto a despedida, de esas que no le gustan a nadie.
Y en esta noche de nostalgia, las redes sociales, los canales de televisión, las radios, empezaron a poblarse de bellas palabras, y apareció un tema, y otro y otro más. En la tele escucho su música, y la compu se llena de muchachas con ojos de papel, y capitanes Betos. Y se suman, y cada vez son más. Y el silencio en los comentarios. Nosotros que solemos ser bastante necrológicos a la hora de las despedidas. En esta ocasión, llama la atención el respeto, sólo un chau Flaco, o un recuerdo de su admirada poesía. Y Toda su música. Que fue lo que tuvo la generosidad de dejarnos el Flaco. Que no necesita nombre, con sólo decir el Flaco, sabemos de quien estamos hablando.
Mi tristeza, es nuevamente acompañada por su dulce, dulce voz. Y mi asombro, se paraliza. Hay un tema en cada muro. Gente de todas las edades, paran un segundo su carrera, esta tarde noche de nostalgia, para postear un tema del Flaco. Gente de distintos países, alturas, pesos, ideologías, y culturas. Todos se detienen, y sólo se escucha su música. Es un fenómeno que me llama la atención. Por eso decidí ponerle palabras a esta tristeza.
Siempre creo que los artistas tienen el extraño privilegio de sobrevivirse, de perpetuarse en el espacio y el tiempo. Y nosotros, los comunes, los que nos quedamos un rato más por acá, tenemos la dicha inmensa de seguir disfrutando de sus poemas, sus cuadros, sus películas, novelas, cuentos. Y pasan mágicamente a eternizarse. Envidio amablemente ese destino. El del artista.
Pero hoy no se fue un artista más. Se fue el Flaco, que no sólo dejó música, dejó su poesía, su estilo inconfundible. Su porte inconfundible, su paso lento y desgarbado. Su rostro de facciones afiladas. Esa calma chica al hablar, tan pero tan particular que sumada a la suavidad de su voz, hacía un verdadero disfrute el escucharlo, y mucho más aún, si le prestábamos atención al contenido de sus palabras. Tan inteligentes y ubicadas, que parecían pensadas aritméticamente.
Más allá de mi pasión por la historia, esta tarde-noche, sin quererlo, se armó en mi cabeza, una secuencia de imágenes de mi vida que acompañaron la trayectoria de Luis. Mientras escuchaba la exquisita selección de temas en el Facebook de tanta gente, cada tema un recuerdo, una compañía, un año de mi vida. Y se armó sola, mágicamente. Quizá no fui la única, sospecho que esto le sucedió a muchos. El artista es así, mágico. Sospecho que antes de irse, nos dejó esta sensación profunda a todos, lo que lo transforma si bien en triste, en bella despedida.
De pequeña, en la casa una amiga me deslumbré por mi primera vez al escuchar Muchacha ojos de papel. En la casa de otra, Plegaria para un niño dormido. Eran tiempos de discos y comenzaban a aparecer los casettes. Cuando tuve mi primer grabador, escuchando la radio, hice mi primer compilado de temas del Flaco, que los elefantes, que Ana no duerme, o esas reconocidas Rutas argentinas. Cassette que aún conservo. Y mi niñez se empezó a plagar de metáforas bellísimas, de melodías exquisitas que acompañaban mis tardes o mis noches. Y torturaba a mi mamá con mi canto continuo.
Llegaron los tiempos de las primeras reuniones de amigos en la calle y la guitarra de Ale que siempre hacía el intento de imitarlo. Y yo cantando a su lado. Tiempos del primer noviecito, que era fanático de Spinetta, y me enseñó a conocer, casi obsesivamente, todos sus temas, todos sus discos, y horas de charla sobre su poesía. También había amigos que si bien decían no entender sus letras, las cantaban con nosotros. La poesía no hay que entenderla, hay que sentirla, es sólo y simplemente eso. La belleza no se explica. Y tiempo después el mismo Flaco se cansaba de explicar lo mismo. Es la magia del arte, y el poder de su trascendencia.
Cuando vinieron los tiempos de la democracia. Y empezó el auge del llamado, rock nacional y los recitales populares, que iban de la mano con mi independencia. Con mi novio y amigas fuimos a verlo en varios lugares. Y un día, para el cumpleaños de Leo, voy al Luna Park para regalarle las entradas para el recital del Flaco. La sorpresa, cuando salgo de la boletería, feliz por el regalo para mi noviecito, me choco con el Flaco, sólo atiné a decirle: -Hola. Sonrió y me respondió lo mismo. Impresionada, me quedé parada en la esquina, viendo irse su figura. Paso lento, sus rulos, la simpleza, y luz propia; jamás se borró esa imagen de mi retina. Ayer lo imaginaba yendo, de esa manera por otros caminos, los celestiales. A paso lento, mágico.
Toda mi adolescencia, estuvo atravesada por sus temas. Creo que esto nos sucede a todos. Hay una imagen de nuestra vida, unida a una frase poética del Flaco. Nace como respuesta a una pregunta, como recuerdo grato. Como compañía en una noche triste. Los que hemos tenido la posibilidad de verlo, sólo o acompañado. Con sus diferentes grupos o tocando solito en un bar pequeño. En un mega recital, o en una noche solitaria, o en una casa con amigos.
Y hoy, que la tarde se hizo noche repentina, noche azorada para tantos; veo sorprendida que “Algo está pasando hoy”, a todos nos pasó algo hoy. Algo que tocó nuestros recuerdos de adolescentes, de niños, de adultos. Hoy todos escuchamos a Spinetta, “Será que su canción llegó hasta el Sol”. Y allí va el Flaco, paso cansino, irá a recorrer otros lugares. Llevará su talento, sus palabras bellas, estampadas en lienzo etéreo. Pero, mágicamente, su voz quedará en nuestros oídos. Ha tenido la delicadeza de dejarnos un sinfín de poesías. La más preciada música. Y junto a ellas los mejores recuerdos de nuestras vidas que fueron atravesados por su magia. Sus metáforas quedan aquí también. Hay un cielo eterno para el recuerdo.
Hoy, cuando la tarde se hizo noche de tristeza, de repente, y con la misma intensidad del dolor que nos habita a todos, el Flaco dejó en cada muro, en cada canal y en cada emisora, las más bellas melodías. Las imágenes que nunca olvidaremos. Aquellas sensaciones que mágicamente produjo en nosotros, tan tímidamente, comenzaron a sonar y a perpetuarse a modo de eterna compañía. De un país que ha sido marcado por su talento, de cada vida, la de muchos, una tarea de tantos años y de tanto talento comienza a formar parte de nuestra historia cultural.
Hoy el Flaco no quiso estar en un solo lugar, está en todos nosotros, y se perpetuará en la memoria colectiva de más de una generación. Allá va Luis, a paso lento, su canción llegó hasta sol nomás.
Hoy, cuando la tarde se hizo noche de nostalgia intempestiva, “hoy dejo de pensar, y veo que al final, siempre estarás en mí”.
CAROLINA FRANCO. Bs. As. 8 febrero 2012.-
