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lunes, 1 de abril de 2013

RECUERDO DOLOROSO DE LA LOCURA.


Recuerdo que una mañana del año 1982, llegué al colegio, como todos los días. Estaba charlando con mi amiga Mariana, con quien siempre estábamos al tanto de las cuestiones políticas del país, porque nos ocupaba y nos preocupaba. Pudimos ver, como bichos raros, como la locura se instalaba en el colegio. Habló la directora, y con gran entusiasmo proclamó: -"Las Malvinas son argentinas". Se cantó el Himno, se aplaudió, y se vivó… Recuerdo aún hoy la sorpresa en la cara de Mariana y en la mía. No era pa celebrar, estábamos en guerra con una de las potencias del mundo. Llegué a casa al mediodía, y en la tele se veía una Plaza poblada de gente victoreando a un dictador empedado, que arengaba a las multitudes, el mismo, que formaba parte de un gobierno acusado de desaparición de personas, de la estafa a nuestras libertades, y de infinidad de situaciones, en ese momento poco claras, pero claramente nefastas. ¿Qué sucedía con ese pueblo que vitoreaba a ese asesino, loco, delirante que nos decía, tamaña locura?
Recuerdo las discusiones en las casas, los informes de las cadenas nacionales, los amigos que estaban haciendo la colimba y tenían miedo de ser llamados para ir a defender nuestras islas. El miedo al ver las imágenes de espanto, y los programas que hablaban pelotudeces las veinticuatro horas, haciéndose eco de tamaña locura, recuerdo mi  miedo. Y la angustia por aquellos chicos, únicas víctimas de uno de nuestros grandes sinsentidos como Nación.  No había que ser muy lúcido para saber que esa guerra, estaba perdida de antemano. Todo lo que la rodeaba, era descabelladamente loco. La situación política internacional. El gobierno militar,  y toda su locura, la escasez de recursos. La diferencia de tecnología militar y de equipamiento.
Me asusta la locura ajena. Pero más cuando esta es tan generalizada. Era muy joven, inexperta, pero tenía una cabeza y la utilizaba, era sumamente crítica y me he ganado más de una discusión familiar, en el colegio con los profesores. Y en mi círculo de amigos.
Fueron días de espanto, que cada uno recordará con distintas anécdotas. Cada uno tiene alguien que fue a Malvinas, o estuvo casi por ir. Todos tenemos alguna historia. Más o menos dolorosa. Pero a todos nos ha unido el arrebato, el dolor frente a la injusticia, la desazón al ver las imágenes auténticas, no las planfletarias de esa época. Todos debemos recordar, hasta donde puede llegar un gobierno, en pos de la locura de intereses espurios. No importaron los costos. Y fueron altos. No importó el dolor y fue mucho.
Aún escucho a alguien muy cercano, hablar de lo que vivió estando aquí, y no luchando. Y cada vez que me cuenta lo que vio en el hospital militar donde llegaban los chicos de Malvinas, me sigue abrumando el espanto. Él llora, y yo también, y han pasado muchos años. Y no llegó a pelear, sólo vio los resultados de la locura. Y fue muy doloroso. Veo las imágenes y me lleno de bronca, como en aquellos días. Veo en que se han convertido las vidas de los soldados, de los que pudieron sobrevivir, de los que la pudieron contar, de los que no se suicidaron después de terminada la guerra, y sigo estremeciéndome como entonces.  
Pensemos, en días como hoy, que hubo un loco que nos llevó a una guerra, pensemos que casi compramos el cuento que nos vendían. Pensemos en nuestros héroes, porque eso son, y no otra cosa. Fueron a dar el pellejo, en las peores condiciones, sin armas, sin plan, sin cabeza, sin comida, sin balas, en un clima absolutamente desconocido, frente a una potencia. A puro huevo, a puro intento, a pura garra. Y de puro víctimas de un sistema perverso. Pensemos que el dolor y las ausencias, aún tienen vigencia. Heridas que no cierran. Pasado de espanto. Que no debemos repetir. Que nuestros hijos deben conocer, para crear un país como corresponde, con historia, con dolores de los que tenemos la obligación de aprender. La violencia en ninguna de sus formas conduce a nada. No siembra nunca futuro. Sólo deja heridos. Y también, como hace unos días, para ellos pido, MEMORIA.

CAROLINA FRANCO.- BS. AS. 1º DE ABRIL 2013.-
(Han pasado 31 años, y el dolor continúa)





sábado, 16 de marzo de 2013

Nuevo Papa, más convulsión.


No soy católica, no soy K. Soy atea, anarquista y librepensadora. Me interesan los fenómenos históricos y sociales. El caos del falso orden. Y los entiendo como parte de un proceso de aprendizaje y de cambio. Que se podrán analizar con el paso del tiempo, y no con la calentura y corta visión del ahora.
Aclarado todo esto, entiendo que estamos viviendo procesos convulsivos que nos llevarán hacia algún lugar.
Días convulsivos, de enfrentamientos ideológicos, que siempre son enriquecedores, pero tan agresivos e intolerantes como estamos se tornan indigeribles. Basta con leer los diarios, mirar la tv, o sentarse a pasear por los muros del fcbk de nuestros amigos o contactos, para que nos manchemos con cataratas de intolerancias. Cegueras sin sentido. Y poco respeto hacia lo diferente o lo distinto. Insisto siempre con la misma idea, lo distinto nos enriquece, nos aporta, nos hace pensar. No hay que temerle, odiarlo, o destruirlo. Es solo sumar no restar. Nadie dice que vamos a pensar lo mismo, sería aburrido, peor es sólo “poder escuchar al otro”. Después cada uno sacará sus conclusiones. Y ya…
No soy una gran conocedora de las actividades del Vaticano. Y en su mayoría, estoy en desacuerdo. Creo que la iglesia como institución, más allá de su dogma y su fe, ha quedado estancada en el tiempo, retrasa, para la sociedad. Pero respeto a todos los que creen en ella.
Frente a la designación del nuevo papa, me he visto avallada por cataratas de información a favor y en contra. Me parece, como siempre, que es un acontecimiento histórico, y como tal no estamos nosotros en condiciones de evaluarlo aún. Aparecen un sinfín de acusaciones, fotos, y comentarios, de absoluta falta de respeto, no sólo para Francisco, a quien no conozco. Sino, a quienes creen en él, y a quienes respeto en su fe. No voy a sumarme a ningún barco. No me corresponde, no estoy de acuerdo y menos si esto sucede a través de cataratas de agresión sin sentido. Cosa que detesto. Y de lo que me parece más peligroso… De falta de información. En el medio, como siempre está la gente.
Me parece que hay que esperar, antes de atacar o idolatrar. Pero estamos tan convulsivos que no podemos hacerlo. A los pocos segundos de su designación, los muros se llenaron de fofos siniestras. Que estuvo con los dictadores, le fabricaron un papamóvil con un falcón verde que lejos de mover a risa da dolor histórico. Valorizaciones, que, pese a reconocerme neófita en el tema de la iglesia, me parecen agresivas, pero sobre todo, fuera de contexto de investigación histórica. Y por demás agraviantes, no para la figura papal, sino para la gente que cree en ella. Que pueden ser amigos, familiares, conocidos. Perdemos el horizonte con este tipo de cegueras. Y no estoy defendiendo a la iglesia, de ninguna manera. Estoy defendiendo las libertades individuales y abogando por el respeto a la diversidad.
No estoy de acuerdo con muchas de las cosas que suceden en el Vaticano, empezando por su estructura grandilocuentemente ostentosa. Si se debe predicar con el ejemplo, la iglesia debería ir por la austeridad, la simpleza y la imagen en estos casos importa.
Tampoco estoy de acuerdo con muchos de los pensamientos de la iglesia católica, creo que retrasa, frente a una sociedad que va en continuo crecimiento científico, tecnológico, a la cual día a día se le plantean nuevos desafíos. Pensemos en el SIDA, a la gente le va la vida en ello. Y la iglesia no permite el uso de preservativos. Elemento que salva vidas. Ni hablar de las acusaciones de pedofilia que pesan sobre muchos de sus máximos representantes, y se los oculta y cubre. Recuerdo frases poco felices sobre el matrimonio igualitario, el derecho a una muerte digna, el aborto, donde también va la vida de mucha gente.
He tenido grandes conversaciones con creyentes y defensores del dogma y no han sabido o no he podido comprender la postura de la iglesia con respecto a estos temas y otros tantos que se me están olvidando en estos momentos. Pero los respeto.
Me parece que tendríamos que poder empezar a pensar en positivo, alguna vez y no en destructivo de todo lo diverso, distinto, que nos genera tanto miedo que sentimos de inmediato la necesidad de combatirlo.
El nombramiento de un nuevo papa y pa colmo argento nos ha despertado más odios de los que ya teníamos hasta hace unos días. El tipo aún no empezó a hablar ni, mucho menos a actuar, y ya salimos a escarchar. Repito pa mí la iglesia retrasa, y no soy devota de ella. Pero siento que antes de criticar sobre lo que se dice, deberíamos tomarnos el tiempo apar ver y escuchar de que va a ir este nuevo papado.
Sin ánimo de defender a nadie, creo en los gestos, más que en las palabras. Y, me da la sensación, puedo equivocarme, habrá que verlo con el tiempo; que Francisco viene con una impronta de austeridad. Y no me parece un dato menor, de alguien que se supone es el representante de dios en la tierra.
También he visto un gesto amable, y sonriente. Que en los tiempos que corren, no es un dato menor, frente a tanto caracúlico suelto. Ha elegido símbolos austeros para el mismo. Y saludó a sus fieles en italiano, y no en latín, cosa que he leído como un signo de acercamiento a la gente y de modernidad. Puedo equivocarme, lo veré con el tiempo.
He leído lo que he podido sobre su pasado y su posible vinculación con la dictadura de nuestro país. Sinceramente, entre lo que opine Verbistzky, que debería estar preso por los delitos cometidos como integrante de la FAP y montoneros, antes que ser reconocido como un buen escritor, cosa que tampoco lo es, y menos aún como representante de los derechos humanos de nuestro país. (Sé que con esto me gano enemigos, pero para mí un violento no representará nunca los derechos humanos, y un oportunista, menos) Y lo que opine Pérez Esquivel o gente que ha estado vinculada con el trabajo de investigación del Nunca Más, me quedo con esta gente. De todas maneras, creo que la iglesia toda, en esos dolorosos tiempos de la dictadura, a excepción de los curas tercermundistas, que les fue la vida en esos tiempos; no hizo nada, como muchos sectores de nuestra sociedad, entonces no me parece tampoco oportuno el desgarre de las vestiduras de muchos a día de hoy. Más bien, me parece oportunismo.
Con respecto a frases poco felices de Francisco, sobre el matrimonio igualitario, son las que vengo escuchando de cada uno de los representantes de ese sector y las que no voy a compartir nunca.  Es decir, no creo que cambien grandes cosas que tengan que ver con el dogma de fe de la iglesia católica. Pero tampoco me parece un dato menor, que a pocos días de su nombramiento le diga al cardenal de Boston, que está pegado a las cuestiones más oscurantistas de la pedofilia en EEUU, responsable del encubrimiento de 250 curas pederastas, que no trate de no frecuentar el Vaticano, es un gesto. Y creo en los gestos más que en las palabras.
En lo personal, he decidido, detenerme a mirar los acontecimientos antes que salir rápidamente a enjuiciar. Tal vez, peque como me dice siempre mi primo, de optimista pelotuda. Pero creo que primero hay que observar y después hablar. Y en este sentido priorizo dos cosas, el paso del tiempo en un acontecimiento histórico de tamaña magnitud, y el respeto al otro, al distinto. Sobre todo en cuestiones de fe.
Hechos no palabras, tiempo, respeto, y diversidad. No me parecen poca cosa. Me parece que las andamos necesitando como sociedad. He dicho.

CAROLINA FRANCO- Bs. As. 15 MARZO – 2013.