Recuerdo que
una mañana del año 1982, llegué al colegio, como todos los días. Estaba
charlando con mi amiga Mariana, con quien siempre estábamos al tanto de las
cuestiones políticas del país, porque nos ocupaba y nos preocupaba. Pudimos
ver, como bichos raros, como la locura se instalaba en el colegio. Habló la
directora, y con gran entusiasmo proclamó: -"Las Malvinas son argentinas". Se cantó
el Himno, se aplaudió, y se vivó… Recuerdo aún hoy la sorpresa en la cara de Mariana
y en la mía. No era pa celebrar, estábamos en guerra con una de las potencias
del mundo. Llegué a casa al mediodía, y en la tele se veía una Plaza poblada de
gente victoreando a un dictador empedado, que arengaba a las multitudes, el
mismo, que formaba parte de un gobierno acusado de desaparición de personas, de
la estafa a nuestras libertades, y de infinidad de situaciones, en ese momento
poco claras, pero claramente nefastas. ¿Qué sucedía con ese pueblo que vitoreaba
a ese asesino, loco, delirante que nos decía, tamaña locura?
Recuerdo
las discusiones en las casas, los informes de las cadenas nacionales, los
amigos que estaban haciendo la colimba y tenían miedo de ser llamados para ir a
defender nuestras islas. El miedo al ver las imágenes de espanto, y los
programas que hablaban pelotudeces las veinticuatro horas, haciéndose eco de
tamaña locura, recuerdo mi miedo. Y la
angustia por aquellos chicos, únicas víctimas de uno de nuestros grandes
sinsentidos como Nación. No había que
ser muy lúcido para saber que esa guerra, estaba perdida de antemano. Todo lo
que la rodeaba, era descabelladamente loco. La situación política
internacional. El gobierno militar, y
toda su locura, la escasez de recursos. La diferencia de tecnología militar y
de equipamiento.
Me asusta
la locura ajena. Pero más cuando esta es tan generalizada. Era muy joven,
inexperta, pero tenía una cabeza y la utilizaba, era sumamente crítica y me he
ganado más de una discusión familiar, en el colegio con los profesores. Y en mi
círculo de amigos.
Fueron días
de espanto, que cada uno recordará con distintas anécdotas. Cada uno tiene
alguien que fue a Malvinas, o estuvo casi por ir. Todos tenemos alguna
historia. Más o menos dolorosa. Pero a todos nos ha unido el arrebato, el dolor
frente a la injusticia, la desazón al ver las imágenes auténticas, no las planfletarias
de esa época. Todos debemos recordar, hasta donde puede llegar un gobierno, en
pos de la locura de intereses espurios. No importaron los costos. Y fueron
altos. No importó el dolor y fue mucho.
Aún escucho
a alguien muy cercano, hablar de lo que vivió estando aquí, y no luchando. Y cada vez que me
cuenta lo que vio en el hospital militar donde llegaban los chicos de Malvinas, me sigue abrumando el espanto. Él llora, y yo también, y han pasado muchos
años. Y no llegó a pelear, sólo vio los resultados de la locura. Y fue muy
doloroso. Veo las imágenes y me lleno de bronca, como en aquellos días. Veo en
que se han convertido las vidas de los soldados, de los que pudieron
sobrevivir, de los que la pudieron contar, de los que no se suicidaron después
de terminada la guerra, y sigo estremeciéndome como entonces.
Pensemos,
en días como hoy, que hubo un loco que nos llevó a una guerra, pensemos que
casi compramos el cuento que nos vendían. Pensemos en nuestros héroes, porque
eso son, y no otra cosa. Fueron a dar el pellejo, en las peores condiciones,
sin armas, sin plan, sin cabeza, sin comida, sin balas, en un clima
absolutamente desconocido, frente a una potencia. A puro huevo, a puro intento,
a pura garra. Y de puro víctimas de un sistema perverso. Pensemos que el dolor
y las ausencias, aún tienen vigencia. Heridas que no cierran. Pasado de
espanto. Que no debemos repetir. Que nuestros hijos deben conocer, para crear
un país como corresponde, con historia, con dolores de los que tenemos la
obligación de aprender. La violencia en ninguna de sus formas conduce a nada. No
siembra nunca futuro. Sólo deja heridos. Y también, como hace unos días, para ellos pido, MEMORIA.
CAROLINA
FRANCO.- BS. AS. 1º DE ABRIL 2013.-
(Han pasado
31 años, y el dolor continúa)

No hay comentarios:
Publicar un comentario