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domingo, 23 de diciembre de 2012

Querido Papá Noel



   Quisiera pedirte algunas cosas, se que a veces se te complica un poco la entrega de tantos pedidos. Pero los míos no te van a generar un gasto, quizá sí un dolor de cabeza. Pero espero que me entiendas.

   Hoy, en noche buena, me recurren las imágenes de siempre, las de los festejos de niña, ansiando las doce, para tratar de ver aunque sea el trineo, alejándose. La ansiedad de abrir los regalos, y en más de una ocasión, la insatisfacción de no tener lo que justo-justo, había pedido. Recuerdo los juegos con mis primos. Los artificios no, porque me daban miedo. El ruido nunca me ha gustado.
La gran mesa familiar, los vestidos con moños para la ocasión. Mi abuela en su mecedora. Mis tías y padres cocinando riquísimas cosas. Todos felices, y a tu espera.

   Han pasado los años, la mesa no es tan grande, la familia cuenta con importantes ausencias, pero el amor y la ilusión de mis hijos a tu espera, me puede permitir disfrutar de esta noche de otra manera.
Pero, hoy quiero tomarme el atrevimiento de pedirte “yo” algunas cosas.  Y con que me cumplas algún pequeño deseo me conformo.

   Quisiera recordarte que hay niños que no tienen una mesa como la mía, porque ni siquiera tienen casa, y menos aún juguetes.

   Quisiera pedirte, si fuese posible, que le anules las firmas a aquellos que no paran de declarar guerras, sometimientos, y, grandes toneladas de dolor, a niños y grandes en diferentes partes del mundo. Entiendo que no es sencillo. Pero con que logres entrar en una de esas cabezas me conformaría.
Ojalá, puedas alegrarle el día a una de las tantas mujeres maltratadas, a los chicos que sufren la violencia de manos de sus padres, y a aquellos abuelos que están solos, inentendidos, y abandonados.

   Llevale algo a todos los nenes, mujeres y hombres que están esta noche en la calle, algo, por más chiquito que sea. Siempre les va a venir bien.
Y a ver si sólo por hoy tenés en cuenta a la gente que pa´festejar, termina quemada por la pirotecnia.

   A nuestro país le podrías traer una bolsa llena de comprensión, un librito que enseñe a no utilizar la violencia en cualquiera de sus formas. Y justicia, que casi no tenemos.

   Para los gobiernos, un paquetito de humanidad, un par de lentes, y un arca gigante pa que dejen lo que se roban, entonces, se lo podríamos mandar a los chicos que mueren de hambre. Lo mismo podrías hacer con el Vaticano. Alimentaríamos a muchos más.

Para mí, no te pido nada, solo la tranquilidad de saber que no estoy equivocada, que vale la pena creer en las utopías, en la no agresión, y en el respeto por la diversidad. Y dejes mi locura intacta por que sin ella no sería yo, y es la que me permite, darle una vuelta de rosca, de manera creativa, a la mediocridad que tanto me afecta. Que me mantengas los cariños que he sabido conquistar, y que la violencia, quede del lado de afuera, en la puerta de mi casa, lo más lejos posible, como hasta ahora.  

   Y por último que mis hijos sean felices.

   De paso, y para no abusar, mandale un gran beso a mis viejos.
Gracias!!!
CAROLINA- BS. AS., 24 DICIEMBRE 2010

miércoles, 12 de diciembre de 2012

Acusaron a Marita Verón.


   A Marita se la llevaron, de prepo, a las trompadas, sin despedida ni destino cierto.
La arrancaron del centro de su vida, y le crearon una de espanto y opresión. No sabemos su destino, cruel, sin duda alguna.

   A Micaela le robaron una madre, explicaciones, momentos que ya no han compartido.
Le impusieron un destino, que por sabiduría y garra reescribió junto a su abuela. Se hizo un tatuaje del sol que dibujaba su mamá y fue nuevamente vapuleada por  esa caterva de ignorantes (por ser generosa) que estaban en el banquillo de acusados acusando a una víctima, por un intento nimio de retener unos abrazos que ya no están. Una vos que quizá ya no recuerde. Una nana que la acunaba. Una mamá de fotografía.

   A Susana le desaparecieron una hija, no debe haber dolor más grande. Pero como si no bastara, la dejaron sola, la policía, el estado, la justicia. Aguantar ese desgarro, mientras educaba a su nieta. Y mientras buscaba a su hija. Y mientras se burlaban de ella. Y la rueda continuó así, dura, fatal desgarrante, día tras día durante diez años. Ella sola, con su coraje a cuestas, se metió hasta lo más profundo de su dolor,  y del ajeno. Y salvó a tantas Maritas como pudo, a pura empatía. Mientras se le moría otra esperanza porque ninguna era su hija. Siguió, nunca se detuvo. Diez años, en la vida de una persona es un montón de instantes, los de ella se multiplican, presos de la intensidad y desesperación más absoluta.

   Un pueblo la acompaña, mientras otro pueblo la esconde.
   Algunas personas del sistema político-social-gubernamental, colaboran con su búsqueda. Otros, continúan con la burla, el descaro, en un juego macabro de escondidas. Donde nunca hay piedra libre para nadie.

   Ella sola, continúa, pasan años, llantos diarios, respuestas a su nieta que ni ella tiene. Pero amorosamente las inventa..

   Y un día, después de mucho esfuerzo, de un cotidiano derrame de perseverancia., convicción y esperanza, de conseguir que finalmente, todo un pueblo siga y apoye su lucha... Se enfrenta a los acusados, que se burlan. Pero ella se enfrenta. 
  
   Muchas Maritas la acompañaron y contaron las más terribles historias. Ellas sobrevivientes de la brutalidad más animal, se animaron, y con y por Sunana, hablaron. Delante de los mismos jueces que las violaron, como reconoció una de ellas. El miedo, el pánico, fue escalera que busca la verdad, escalera que apoyada en el fango, quiso ver la luz.

   Acá no ha pasado nada señoras y señores, los tres jueces sentados en el tribunal, los que han escuchado las más terribles historias, los que han leído diez años de pruebas y testigos, sólo vieron una valija, quizá algún puesto de escritorio, tendrán una mejor casa, un futuro promisorio, y eso eligieron. Cambiaron verdad por mentira. Cambiaron futuro por cataratas renovadas de dolor y de injusticia. Eligieron muerte en vez de vida. Porque en ésto, les va la vida a muchas Maritas. 

   Hoy ganaron los burdeles, la trata de jóvenes sin paradero y sin familia. Putas varatas inconcientes, que lloran a lágrima viva. En algún lugar y en muchos, ellas están escondidas. Cadenas para ellas, maltrato, pérdida de identidad, y de todos sus amores y destino. 

   Hoy eligieron el dolor de muchas familias, liberaron asesinos. Y encarcelaron a las infinitas Maritas Verón que hay en la Argentina.

   Susana, dijo: “No tengo más lágrimas para llorar”, no lo entendieron. Se burlaron.
Ella va a seguir luchando, ojalá aprendamos algo de todo esto, hay mucho dolor, con la vida de las personas no se jode.
Hoy hay un montón de mujeres que lloran, y no sabemos donde están. 


CAROLINA FRANCO. BS. AS.- 12 DE DICIEMBRE- 2012

lunes, 5 de marzo de 2012

“Estamos acostumbrados, pero no deberíamos resignarnos.”

Esta es una larga historia de destrato. Encadenada a una larga historia de corrupción, y/o por lo menos de falta de idoneidad y compromiso con el trabajo.
Nosotros, el pueblo de esta Nación, elegimos, desde hace varios años, a nuestros representantes. Y éstos, no tienen otra cosa que hacer que eso mismo, simplemente, representarnos. Ser nuestra voz, y procurar que el Estado nos proteja, velar por nuestros derechos, tan simple es la ecuación. Desde allí se parte, y no desde otro u otros lugares inventados en la dialéctica política.
Es decir: el deber del Estado es el de proteger a sus ciudadanos, y administrar. Cuenta con los recursos de los tres poderes para el bienestar de sus ciudadanos. Y esto es indiscutible. La distribución de los recursos, bregar por el cumplimiento de las leyes, el cuidado de la salud, de la seguridad, de la educación, entre tantos derechos; están en sus manos. Esta no es una opinión personal, es algo que va de suyo en cualquier país, y bajo cualquier bandera política.
En nuestro país, cada uno cobra un salario por su trabajo. Esto nos hace,  inmediatamente, responsables, a cada uno de la tarea que desempeñamos. Es decir, el maestro, educa. El médico, cura. El policía protege a la ciudadanía. El comerciante vende, el juez imparte justicia, el barrendero limpia las calles. El bombero rescata personas. El país funciona gracias al aporte de cada uno de los trabajadores, que cumple una función por la cual recibe un salario. No es compleja la situación.  Es tan simple, y cotidiana, que en ocasiones se nos nubla la vista, y perdemos esta perspectiva.

Existen otro sinfín de variables que podríamos mencionar, para evaluar el funcionamiento de la sociedad, como sus valores, su educación, crisis sociales, etcs.; pero en este punto me detengo, para hacer más simple el relato.

Que nuestra sociedad atraviesa una crisis profunda de valores, no es ninguna novedad. Pero cierto es que esto conlleva también una crisis en nuestras relaciones, y me preocupa sobre todo, la falta de empatía. Cada vez más evidente.

Dícese de la empatía: La empatía es la identificación mental y afectiva de una persona con el estado de ánimo de otra. La capacidad cognitiva de sentir, en un contexto común, lo que un individuo diferente puede percibir.
Y cuánto nos falta al respecto como personas que convivimos a diario con otras personas. Qué difícil nos resulta, ponernos, dos segundos, en el sentir del otro. Para hablar y emitir juicios de valor sobre su vida sin el menor de los reparos. O a la hora de poder, simplemente, VER AL OTRO, como sujeto de derecho, diverso, pero igual. Muy difícil, resulta esto últimamente. Para evidenciarlo, no hace falta más que prender la tele, leer un diario, o escuchar la radio. Hablar con nuestros amigos o compañeros de trabajo.

Y en esta mezcla rara que estoy haciendo, entre los deberes de cada uno como miembro de una sociedad, en la falta de cumplimiento de las funciones de cada uno, y las abrumadoras dosis de falta de empatía que nos aquejan, nos va la vida. Y no es una exageración, sino una simpleza absoluta, porque estamos rodeados de otros, a los que no podemos ver.

Hay una madre, que no puede alimentar a sus hijos. Pese a su trabajo, hay chicos que son golpeados por sus padres, hay mujeres golpeadas y quemadas. Hay gente que viaja muy mal todos los días para ir a su trabajo. Hay gente que muere por mala praxis, gente que no tiene luz o agua en su domicilio, y gente que no tiene domicilio.
Y en esa cadena de los No tener, lo primero que dejan de tener es derechos, entonces no tiene justicia. Y hay responsables para cada una de estas situaciones que menciono y para otras tantas que olvido.

Responsabilidades, que no vemos a diario, o que nos acostumbramos a convivir con ellas. “Estamos acostumbrados, pero no deberíamos resignarnos.”

Un día, como cualquier otro en la vida de la gente que viaja a la mañana para ir a su trabajo, puede tornarse en el último día de su vida. O en un gran desastre familiar. O en un día de duelo nacional, como ocurrió el pasado 22 de febrero. La gente que viajaba en el tren Sarmiento, sabía que era víctima de un mal servicio. Pero no que eso los llevaría a la muerte. Víctimas, en un solo viaje: nos quedamos con 51 muertos, y 700 heridos. Y esto no fue un accidente. De ninguna manera. Cada una de estas personas sabía que, desde hace mucho tiempo, son víctimas del maltrato. Pero no adivinaban que les iba la vida en eso.

Tenemos otro problema, como sociedad, y es la incapacidad de prever, que sumada a la falta de empatía nos introduce sigilosamente en estas trampas mortales a diario.
Somos una sociedad que aprende después del dolor, nunca antes. No lo podemos ver antes, o, lo que es peor, no nos importa.

Mi abuelo Sebastián, inmigrante español, fue empelado del ferrocarril. Era ebanista en España, y trabajó aquí haciendo y reparando los bancos de los trenes. Formaba parte de aquella vieja red ferroviaria que llegó a ser una de las más grandes del mundo, la más grande de América Latina con 100.000 km de rieles que recorrían gran parte del país, que basaba su economía en un modelo agroexportador. Con capitales nacionales y extranjeros, unían pueblos, economías regionales, y trasladaban a los trabajadores a diario.

Pero pasaron muchos años de esto, y muchas administraciones. Y llegamos a la época de las privatizaciones menemistas y otras tantas, en las que se fue destrozando el servicio poco a poco pero sin descanso. En el medio, la gente, como de costumbre.
Aquí vale preguntarse si el servicio ferroviario de un país es un servicio que atiende a las necesidades de la gente y debe ser, como tal garantizado, para el normal desarrollo de la vida de una sociedad, y el crecimiento de un país, o es un servicio que atiende sólo las necesidades de lucro de la empresa. Lo pregunto. Porque considero que es vital aclarar las diferencias.

Llegamos entonces a las privatizaciones y a los contratos con empresas privadas, establecemos pautas, y nos sentamos a ver como, poco a poco, pero sin descanso los trenes eran menos, la vías se achicaron, los pueblos desaparecieron, y no fueron pocos, algo así como la desaparición de 1200 pueblos que, gracias al quite de la vía de acceso, desaparecieron, sin más. Llegan también las tercerizaciones, la creación de la CNRT, y otras yerbas. Y mientras, nosotros los damnificados, “Estamos acostumbrados. Pero no deberíamos resignarnos.”

Este nuevo sistema, por llamarlo de alguna manera, continúa, mucho más allá de Menem, de Puerta, de Rodríguez Saa, de Camaño, de Duhalde y de Néstor y Cristina
Kirchner. Si bien he escuchado algunas voces señalando y  reclamando la debacle del sistema ferroviario, como la de Pino Solanas en su documental. Nadie hizo nada al respecto, falta de empatía que le dicen, talvez inoperancia, corrupción, sospecho. No poder ver al otro, no velar por nuestro cuidado, violar por nuestros derechos, y cantidad de sinónimos o el conglomerado de todas las faltas juntas que hacen que estemos donde estamos. El sistema de destrucción, desinversión, y maltrato al ciudadano continúa vigente, se instala, cobra fuerza y acrecienta a través de todas las presidencias mencionadas. La CNRT, creada en la década del 90 tiene como misión fundacional: el control y fiscalización de los operadores de los servicios de transporte automotor y ferroviario de jurisdicción nacional, así como la protección de los derechos de los usuarios. Debe intervenir en nombre del Estado Nacional, en todo lo que sea relativo al transporte automotor y ferroviario, otorgados a las provincias como al sector privado. ¿Qué hizo todos estos años la CNRT? ¿Qué hizo el Estado?

Han pasado muchos años, muchos gobiernos, y muchas víctimas, como es posible que nos preocupemos de ciertos temas cuando son noticia, cuando se cobran vidas en alto número, y no podamos ver antes, no poder prevenir va de la mano de la empatía, de no poder ver las necesidades del otro. Va de la mano de la ineficiencia y de la corrupción. De no cumplir con el deber como trabajadores, empresarios, sindicalistas, tercerizados,  funcionarios y representantes del pueblo. Hay una cadena de disfuncionalidades que resuena y que cobra mayor timbre a la hora de la cantidad de víctimas del 22 de febrero en la terminal de Once. Pero esto viene de años, y de listas interminables de responsables, y de víctimas. “Estamos acostumbrados. Pero no deberíamos resignarnos.”

Entiendo que hay responsabilidades de todo tipo en esta tragedia, y en todas las anteriores, hay una caterva de número de muertes y accidentes ferroviarios, hay un millón de personas que viaja mal todos los días. Desde hace muchísimos años, y no hubo nadie que hiciera nada, los empleados, siguen laburando igual, los sindicalistas no los representan, se sospecha de su corrupción, y ambos en rarísimas ocasiones pararon el servicio porque la vida de la gente estaba en riesgo. Los empresarios están en más de un informe acusados de estafa al Estado. Los funcionarios no controlaron nunca que se hacía con el dinero de los subsidios, y con el funcionamiento general del servicio, y el Estado no cuidó a sus ciudadanos en el básico derecho de transitar por el territorio argentino, o la simple y cotidiana tarea de ir a trabajar. Tampoco controló que se hacía con el dinero que daba en subsidios a la empresa. Como Nación necesitamos de la eficacia de cada uno de los sectores que la componen, y de la satisfacción de nuestros derechos fundamentales que figuran en nuestra constitución. No estoy diciendo nada novedoso, pero me asombra que ahora nos desgarremos las vestiduras desde la presidencia para abajo cuando nadie hizo nada al respecto. Todos son responsables por no cumplir con su función, para eso se los eligió, y por eso se les paga un salario. Para el común de los ciudadanos sería impensado no cumplir con nuestras obligaciones en el trabajo, porque lisa y llanamente, nos echan. La pregunta es: que sucede en estos casos, porque hay privilegios, si todos gozamos de los mismos derechos y deberes.

Hoy, después de ver imágenes de espanto, de gran dolor, de pérdidas irreparables para un sinfín de personas, no sólo los 51 muertos, sino los 700 heridos, y sus secuelas, y las familias rotas, el chiquito que no conocerá a su papá, la mamá que no escuchará más cantar a su hijo. El padre que no verá a su hija ser madre. Los hijos que no verán más a su papá o a su mamá. Dolor real, no lágrimas para una cámara. Dolor cotidiano, ausencia eterna, casera, personal y desgarradora. No hay un solo representante, ni de la empresa, ni de los trabajadores, funcionarios y representantes del pueblo que haya tenido palabras de empatía reales hacia las víctimas, se dedicaron al debate político que huele a naftalina para toda una sociedad, que hoy es presa, no sólo de la corrupción y de la ineficacia de ellos sino de la injusticia, y del más profundo dolor, que es el de perder repentinamente a un ser querido víctima de la desidia ajena. No hay respeto ni siquiera por el dolor del otro, están intentando salvar su pellejo, cuando deberían callarse por lo menos por respeto, al dolor ajeno, unos cuantos días, hasta que, en el mejor de los casos la justicia se expida.

He visto imágenes de espanto, he visto el dolor ajeno, profundo, desesperado, de los familiares buscando a sus seres queridos, que no aparecían, mientras en el canal de al lado, se realizaban todo tipo de interpretaciones, macabras, por el destiempo de las mismas. Y  en los medios aparecían todas las voces que callaron durante todos estos años, cómplices por omisión, rasgándose las vestiduras. Tenemos esa extraña configuración como sociedad, pero más aún, característica de nuestras políticas de Estado, de ir detrás de las tragedias, y no varios pasos adelante, para proteger ala sociedad. Lloramos a nuestros muertos sin cuidarlos en vida. Siempre tarde. Y nunca aprendiendo. Previendo. La vida tiene un valor, que no se cuantifica. El derecho a la vida es el primigenio de los derechos, con ese no se juega ni se especula. Es el primero de los deberes de un funcionario. Y nosotros como ciudadanos, “Estamos acostumbrados. Pero no deberíamos resignarnos.”

Hace días que escucho infinidad de representantes de todos los sectores involucrados que intentan explicar lo que está claramente explícito, todos son responsables. No escucho a ninguno hablar de las víctimas, ya pasaron a ser un número más, unas de las tantas voces que se acallaron, como las de la Embajada de Israel, Ecos, las de Cromañón, y sigue la lista… hay una gran tarea que tiene por delante, no sólo con respecto a la ayuda a las víctimas, que será un tema a resolver por largo tiempo, sino con respecto a sí mismos y su tarea, dignifiquen su función, capacítense, y pongan en práctica y en sintonía con sus representados LA EMPATÍA. No es pedirles demasiado, unas van de la mano del sueldo que perciben para tal fin y la otra, de la escala de valores, la educación y los más elementales conceptos del valor de la vida del prójimo. Hay otro, que por brindarle servicios,  por haberlos elegido, por representarlo, por que su voto ha contado en algún momento, o simplemente porque es un prójimo, cuenta. Y debe ser tenido en cuenta. Y su vida vale, y debería ser mejorada constantemente, con políticas previsoras y no con manotazos de ahogado y compulsas políticas chabacanas y de muy mal gusto, frente al gran dolor ajeno. No nos están viendo!!! No se nos escucha y menos se nos representa. “Estamos acostumbrados. Pero no deberíamos resignarnos.”


Y para ejemplificar lo que digo, nada mejor que una de las más grandes barrabasadas que he escuchado en estos días de duelo. “ Es más económico para TBA pagar la indemnización a cada una de las víctimas, que se hace en cómodas cuotas y dentro de algunos años, que poner la plata necesaria para que el servicio funcione como es debido” La lógica que sostiene este pensamiento es nefasta! Pero si se la analiza en los términos de lo que sucede desde hace años, evidentemente es el leitmotiv de la empresa que nos transporta. Y hay, detrás de ella un sinfín de responsables. Aquí, como en otro montón de situaciones la corrupción y el desprecio por la vida ajena, mató. Hasta se dieron el toupée de especular con la desaparición de la última de las víctimas, Lucas Rey.
Descreyeron de los familiares, no inspeccionaron como se debía, los tuvieron deambulando por Buenos Aires,  para luego entregarles su hijo muerto, y hacer otro debate nacional, en pos de salvaguardar: “Yo lo encontré” Y quizá, Lucas haya sido doblemente víctima, sus padres ya lo son, perdieron a su hijo, y encima se lo escondieron, pero quizá Lucas podría haber sido salvado si la inoperancia no lo atacaba.  Además de intentar convertirlo en responsable en vez de víctima, que más se le pude pedir a una familia. Y a toda la sociedad en su conjunto. Por lo menos a los que hacemos uso de la empatía. Y entendemos el dolor ajeno. Aquellos que le damos valor a la vida, y que si bien, “Estamos acostumbrados. Pero no deberíamos resignarnos.” No nos vamos a resignar jamás. Si cada uno es responsable de la actividad que desempeña, se prepara para eso, es idóneo, y sobre todo humano, la sociedad sería otra, y nuestros representantes también.

CAROLINA FRANCO- Buenos Aires, 5 de marzo de 2012.-





jueves, 9 de febrero de 2012

Hoy, que la tarde se hizo noche:


Hoy la tarde se hizo noche, cuando en mi computadora, apareció la noticia, que ya sospechábamos todos. El Flaco, se fue de gira, como hacen los artistas. En un instante y como un rayo, la tarde se hizo noche, noche triste, de melodía desolada. Y con gusto a despedida, de esas que no le gustan a nadie.

Y en esta noche de nostalgia, las redes sociales, los canales de televisión, las radios, empezaron a poblarse de bellas palabras, y apareció un tema, y otro y otro más. En la tele escucho su música, y la compu se llena de muchachas con ojos de papel, y capitanes Betos. Y se suman, y cada vez son más. Y el silencio en los comentarios. Nosotros que solemos ser bastante necrológicos a la hora de las despedidas. En esta ocasión, llama la atención el respeto, sólo un chau Flaco, o un recuerdo de su admirada poesía. Y Toda su música. Que fue lo que tuvo la generosidad de dejarnos el Flaco. Que no necesita nombre, con sólo decir el Flaco, sabemos de quien estamos hablando.

Mi tristeza, es nuevamente acompañada por su dulce, dulce voz. Y mi asombro, se paraliza. Hay un tema en cada muro. Gente de todas las edades, paran un segundo su carrera, esta tarde noche de nostalgia, para postear un tema del Flaco. Gente de distintos países, alturas, pesos, ideologías, y culturas. Todos se detienen, y sólo se escucha su música. Es un fenómeno que me llama la atención. Por eso decidí ponerle palabras a esta tristeza.

Siempre creo que los artistas tienen el extraño privilegio de sobrevivirse, de perpetuarse en el espacio y el tiempo. Y nosotros, los comunes, los que nos quedamos un rato más por acá, tenemos la dicha inmensa de seguir disfrutando de sus poemas, sus cuadros, sus películas, novelas, cuentos. Y pasan mágicamente a eternizarse. Envidio amablemente ese destino. El del artista.

Pero hoy no se fue un artista más. Se fue el Flaco, que no sólo dejó música, dejó su poesía, su estilo inconfundible. Su porte inconfundible, su paso lento y desgarbado. Su rostro de facciones afiladas. Esa calma chica al hablar, tan pero tan particular que sumada a la suavidad de su voz, hacía un verdadero disfrute el escucharlo, y mucho más aún, si le prestábamos atención al contenido de sus palabras. Tan inteligentes y ubicadas, que parecían pensadas aritméticamente.

Más allá de mi pasión por la historia, esta tarde-noche, sin quererlo, se armó en mi cabeza, una secuencia de imágenes de mi vida que acompañaron la trayectoria de Luis. Mientras escuchaba la exquisita selección de temas en el Facebook de tanta gente, cada tema un recuerdo, una compañía, un año de mi vida. Y se armó sola, mágicamente. Quizá no fui la única, sospecho que esto le sucedió a muchos. El artista es así, mágico. Sospecho que antes de irse, nos dejó esta sensación profunda a todos, lo que lo transforma si bien en triste, en bella despedida.

De pequeña, en la casa una amiga me deslumbré por mi primera vez al escuchar Muchacha ojos de papel. En la casa de otra, Plegaria para un niño dormido. Eran tiempos de discos y comenzaban a aparecer los casettes. Cuando tuve mi primer grabador, escuchando la radio, hice mi primer compilado de temas del Flaco, que los elefantes, que Ana no duerme, o esas reconocidas Rutas argentinas. Cassette que aún conservo. Y mi niñez se empezó a plagar de metáforas bellísimas, de melodías exquisitas que acompañaban mis tardes o mis noches. Y torturaba a mi mamá con mi canto continuo.

Llegaron los tiempos de las primeras reuniones de amigos en la calle y la guitarra de Ale que siempre hacía el intento de imitarlo. Y yo cantando a su lado. Tiempos del primer noviecito, que era fanático de Spinetta, y me enseñó a conocer, casi obsesivamente, todos sus temas, todos sus discos, y horas de charla sobre su poesía. También había amigos que si bien decían no entender sus letras, las cantaban con nosotros. La poesía no hay que entenderla, hay que sentirla, es sólo y simplemente eso. La belleza no se explica. Y tiempo después el mismo Flaco se cansaba de explicar lo mismo. Es la magia del arte, y el poder de su trascendencia.

Cuando vinieron los tiempos de la democracia. Y empezó el auge del llamado, rock nacional y los recitales populares, que iban de la mano con mi independencia. Con mi novio y amigas fuimos a verlo en varios lugares. Y un día, para el cumpleaños de Leo, voy al Luna Park para regalarle las entradas para el recital del Flaco. La sorpresa, cuando salgo de la boletería, feliz por el regalo para mi noviecito, me choco con el Flaco, sólo atiné a decirle: -Hola. Sonrió y me respondió lo mismo. Impresionada, me quedé parada en la esquina, viendo irse su figura. Paso lento, sus rulos, la simpleza, y luz propia;  jamás se borró esa imagen de mi retina. Ayer lo imaginaba yendo, de esa manera por otros caminos, los celestiales. A paso lento, mágico.

Toda mi adolescencia, estuvo atravesada por sus temas. Creo que esto nos sucede a todos. Hay una imagen de nuestra vida, unida a una frase poética del Flaco. Nace como respuesta a una pregunta, como recuerdo grato. Como compañía en una noche triste. Los que hemos tenido la posibilidad de verlo, sólo o acompañado. Con sus diferentes grupos o tocando solito en un bar pequeño. En un mega recital, o en una noche solitaria, o en una casa con amigos.

Y hoy, que la tarde se hizo noche repentina, noche azorada para tantos; veo sorprendida que “Algo está pasando hoy”, a todos nos pasó algo hoy. Algo que tocó nuestros recuerdos de adolescentes, de niños, de adultos. Hoy todos escuchamos a Spinetta, “Será que su canción llegó hasta el Sol”. Y allí va el Flaco, paso cansino, irá a recorrer otros lugares. Llevará su talento, sus palabras bellas, estampadas en lienzo etéreo.  Pero, mágicamente, su voz quedará en nuestros oídos. Ha tenido la delicadeza de dejarnos un sinfín de poesías. La más preciada música. Y junto a ellas los mejores recuerdos de nuestras vidas que fueron atravesados por su magia. Sus metáforas quedan aquí también. Hay un cielo eterno para el recuerdo.

Hoy, cuando la tarde se hizo noche  de tristeza, de repente, y con la misma intensidad del dolor que nos habita a todos, el Flaco dejó en cada muro, en cada canal y en cada emisora, las más bellas melodías. Las imágenes que nunca olvidaremos. Aquellas sensaciones que mágicamente produjo en nosotros, tan tímidamente, comenzaron a sonar y a perpetuarse a modo de eterna compañía. De un país que ha sido marcado por su talento, de cada vida, la de muchos,  una tarea de tantos años y de tanto talento comienza a formar parte de nuestra historia cultural.

Hoy el Flaco no quiso estar en un solo lugar, está en todos nosotros, y se perpetuará en la memoria colectiva de más de una generación. Allá va Luis, a paso lento, su canción llegó hasta sol nomás.

Hoy, cuando la tarde se hizo noche de nostalgia intempestiva, “hoy dejo de pensar, y veo que al final, siempre estarás en mí”.

CAROLINA FRANCO. Bs. As. 8 febrero 2012.-